Haré con las viñetas lo que me salga del pijo (I): Eisner y Spirit.

Y yo voy y me doy cuenta de que aún no he hablado prácticamente nada por estos lares de uno de los campos artísticos que más me atrae, si no el que más: ¡los cómics!, ¡el noveno arte! Pues vamos a remediarlo, me dije. ¿Y por quién mejor voy a empezar a parlotear sobre este tema que por el padre de todos los historietistas?, me pregunté.

Pues como dijo Alan Moore en algún sitio: “le debemos a Eisner que los cómics tengan cerebro […] Cuando alguien nos oiga, a mí o a cualquiera de mis colegas, pontificar y teorizar sobre el mundo del cómic, debe tener presente que, en el mejor de los casos, lo que estamos haciendo tiene como sólida base la obra que Eisner ha estado cimentando en los pasados cuarenta años. Él es el jefe, y todos lo sabemos.”

¿Y por qué?

¿Por qué le debemos eso?

¿Por sus guiones? Pues a mí me parecen buenos, pero NO MANTECOSOS al estilo Alan Moore, que al ser el Mago del Caos del noveno arte, tiene el superpoder de escribirte un magistral guión de cómic al mes sin siquiera pararse dos veces a pensarlo detenidamente. Él no necesita reflexionar sobre la “estructura interna” del guión, o los giros argumentales. Todas esas chorradas son innatas a él, porque, al tener la barba esa que tiene, todo lo que escriba le saldrá bien: como los negros con el baloncesto.

*Conviene recordar que Alan Moore es la hostia pero no es más que el discípulo, que se dedicó, como tantos otros, a continuar el camino que ya había proporcionado, cimentado otro (Eisner) ; aunque, como ocurre en multitud de ocasiones, a veces el pupilo supera al maestro en algunos ámbitos.*

Mas, aun a falta de un guión con gancho, hay que reconocer que Eisner supo crear un personaje (The Spirit) que lo tenía todo para triunfar:

The Spirit

la presunta defunción de su alter ego Denny Colt;

el misterio de “quién-carajo-es-Spirit-?”, pues nadie lo sabe excepto el comisario de policía;

vacileo, picaresca, llamadlo como queráis: sea como sea Spirit salva a tu chica, luego se pega el morreo con ella delante de ti, y te la devuelve intacta y perpleja;

sangre fría, a Spirit no le importa ser cruel, intimidar, dar un par de palizas de vez en cuando, como dejó claro en ‘La Reina Negra’: “¡Levanta y escúchame bien, Slot! ¡Te voy a matar! No deprisa como tú haces, sino lentamente… te voy a matar a puñetazos…”;

Spirit es inteligente: se disfraza, hace confesar a los criminales con astucia, siempre va por delante de policías, investigadores y demás profesionales que no viven en un mausoleo en el cementerio;

Spirit tiene un chófer que parece un conguito;

por último, Spirit vive en un mausoleo en el cementerio; mola, ¿no?

Pero aguarda, si no fueron sus guiones, ¿por qué pasó a la historia nuestro Will?

¿Por sus dibujos? Lo dudo horrores. El dibujo de Eisner en ‘The Spirit’ era simplón y nada novedoso. Luego en otras obras como ‘Contrato con Dios’ sí utilizó unos trazos más definidos, pero desde luego en ‘The Spirit’ no eran los dibujos los que llamaban la atención. Es decir, era un dibujo honesto y nada complejo: algo contradictorio por lo que explicaremos poco más adelante.

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¡¿Pero entonces que es?! ¡¿Cuál es la razón por que todos aclaman a Eisner por encima de Moore, de Kirby, de Kurtzman, de Lee, y de cualquier otro historietista que haya dejado su huella, pequeña o vasta, en el mundo del cómic?!

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Fácil, no hay más que mirar cualquiera de sus páginas para darse cuenta: la complejidad en la distribución y forma de sus viñetas, el uso de la paleta de colores, etc; en fin, las innovadoras técnicas narrativas convirtieron a Eisner en el padre del cómic con cerebro.

Porque fue él quien innovó antes de que Moore aprendiera a utilizar el orinal.

Fue él quien ya utilizaba los estilemas kirbyanos antes de que existiera el término kirbyano.

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Fue él quien, antes de que apareciera ‘The saga of The Swamp thing’ guionizada por Moore o ‘Reproducción por mitosis’ de Kago, ya experimentaba con los límites materiales de las viñetas; quien, antes  que Harvey Kurtzman en su revista ‘MAD’, ya se olvidaba en las escenas de acción de utilizar un fondo para sus viñetas y usaba sólo un color chillón para potenciar el dramatismo ; fue él quien, con la ayuda de un martillo impregnado de imaginación, visión y metal duro, derruyó a golpes impasibles las paredes que conformaban esos ‘recuadros’ que dividían las páginas y las historias en partes: a partir de él y en adelante, los objetos y personas podían salirse de sus márgenes y entrometerse un poco, invadir las viñetas de al lado. Y para colmo, las viñetas no tenían ya por qué ser cuadradas: podían ser circulares, o bien muy pequeñas o formadas sólo por texto; o bien pueden superponerse unas viñetas encima de otras.

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Obsérvense las viñetas dispuestas como ventanas de un edificio.

La interacción total del personaje con el título del cómic, que está representado casi siempre como parte de una pared, como un cartel al que se agarra nuestro Spirit, como una sucesión de edificios… en una palabra: Eisner también introdujo al mundo de los cómics el metalenguaje.

¿Y esto? ¡Esto ya es un desfase!

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Todos estos recursos narrativos que estamos citando los utilizaría más tarde Moore en La cosa del pantano y después en Watchmen. Pues tanto Moore, como Kirby, como Kurtzman, como cualquier historietista que se precie, ha aprendido de él, del maestro.

En definitiva: Will Eisner, mostró a todos los historietistas del mundo que no estaban atados a unas leyes preestablecidas; que el cómic no trata sólo de construir una historia contada a partir de recuadros perfectamente organizados que delimitan el transcurso del tiempo: pues el cómic bebe de la literatura y la pintura, y puede utilizar los recursos que estime oportunos de cualquiera de esas dos ramas artísticas: da igual si quiere utilizar más texto que dibujo en una página, o que no haya viñetas propiamente dichas, sino que sean los mismos dibujos los que dividan el paso del tiempo; da igual que no tengan texto; da igual todo eso porque no hay barreras, y si las hubo alguna vez, desaparecieron hace mucho.

Esa es la gran enseñanza de Eisner. Por eso él dio un cerebro a los cómics. Él hizo que hubiera un más allá, él inició la vanguardia; los demás le siguieron.

“[…] Si añadimos a eso su reciente obra teórica titulada ‘El cómic y el arte secuencial’ y los numerosos proyectos en los que se ha volcado, se empieza a comprender su inmensa contribución al mundo de la historieta. Nos ha proporcionado un modo de ver y pensar el cómic y le debemos una manera de abordarlo y entenderlo […] En dos palabras: no hay otro como Will Eisner. No lo hubo antes, y en mis momentos pesimistas dudo que vuelva a haberlo jamás.”

Moore, 1986.

“Haré con las viñetas lo que me salga del pijo” volverá la semana que viene con “Haré con las viñetas lo que me salga del pijo (II): ¡Eisner contra los muertos vivientes!”.

En Advesperascit, el único blog que te hace preguntarte por qué estás aún leyendo este blog.

Declaraciones (in)necesarias: Señores de Santa Monica, devuélvanme mi tiempo perdido.

Sólo voy a hacer una rápida declaración sobre:

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El “GOD OF WAR: CHAINS OF OLYMPUS” no sólo es EL PEOR JUEGO DE LA SAGA que ha salido, sino también EL PEOR JUEGO QUE HE PROBADO desde que me viciara en la guardería a eso de “Zapatito blanco, zapatito azul…” 

Jugarlo y pasármelo ha sido UNA TOTAL PÉRDIDA DE TIEMPO. Desde luego NO LO RECOMIENDO ni a los seguidores de la saga, ni a los que no lo sean pero les entusiasme la mitología, ni siquiera lo recomiendo a los fans de los malos juegos: incluso ellos pensarán que éste se pasa.

Eso es todo. Sólo quería desahogarme un poco.

Las chicas de J.K.Potter: Katrina Uribe.

Qué agradable sorpresa me he llevado hoy cuando, al abrir otra vez mi álbum fotográfico “Neurotica, images of the bizarre” de J.K.Potter para ojearlo, he comprobado que tiende a abrirse siempre por la misma página: la foto “American Zombie”, en la que posa mi modelo de Potter favorita: la inigualable Katrina Uribe.

Esto me ha dado la idea de comenzar una nueva categoría de posts relacionados con las modelos (o “chicas”) de J.K.Potter, un artista que juega con la animalización y la degradación de la especie humana. Serán breves reseñas acompañadas de un puñado de buenas fotografías.

Así pues, y como no podía ser de otra forma, esta primera entrada está dedicada a ella, a la rubia de senos generosos llamada Katrina.

Además de diseñar su joyería y sus andrajos, co-dirige muchas veces las sesiones de fotos junto con el mismo Potter. Es, según él mismo ha admitido, “a photographer’s dream because she has more looks tham Lon Chaney”.

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“Angel”.

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“Aviana”.
En esta foto el artista admitió que la inspiración le sobrevino cuando la modelo de repente y sin venir a cuento tomó esa pose.

Fear-Stricken.

“Fear-Stricken”.

The cringe.

“The cringe”.

Victim and clues.

“Victim and clues”.

American Zombie. No siempre aparece rubia, como prueba esta intensa fotografía.

“American Zombie”.
No siempre aparece rubia, como prueba esta intensa fotografía.

Queen of Lincoln Beach.

“Queen of Lincoln Beach.”

Attack of the Yithian.

“Attack of the Yithian.”

Bien, y eso es todo por hoy

Próximamente: ¡¡Lisa Carver!!

¡¡No se lo pierdan!!

5 buenas razones por las que “Na půdě aneb Kdo má dneska narozeniny?” vence por goleada a “Toy story”.

Na půdě aneb Kdo má dneska narozeniny?  (AKA “In the Attic, or who has a birthday today?” y en adelante sólo “In the attic”) es una coproducción checo-japonesa-eslovaca dirigida por el maestro Jiri Barta que anteriormente nos robara el corazón con obras como Krysař, esa sombría y extraña versión del flautista de Hamelín. Su última película, si bien a priori parece tener muchas semejanzas con Toy story (no me puedo creer que vaya a escribir dos posts seguidos sobre la malévola e infatuada compañía Disney), son más relevantes, son más interesantes sus diferencias.

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Y allá vamos:

-Los antecedentes: mientras Disney no cuenta más que con obras ñoñas, mainstream (léase: con final feliz e idealizado pase lo que pase) y con una trama basada en valores humanos que siempre son los mismos y se cuentan de la misma forma (“Bichos” y la camaradería, las películas de princesas y el amor verdadero…), Jiri Barta tiene tras de sí un largo historial de cortometrajes experimentales (“Diskjockey” y sus cambiantes situaciones manejadas con aparente arbitrio), novedosos, originales, curiosos (“The club of the laid off” con los maniquíes fornicando y fumando porros de serrín) y cautivadores (“A ballad about green wood”).

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.-La animación: mientras “Toy Story” no es más que animación por ordenador vista ya mil millones de veces, “In the attic” es stop motion checo, es decir, stop motion manteca, laborioso claymation en ocasiones, incluso, del que, aunque la historia sea un banal zurullo de cebra (no es el caso aquí, aunque parezca a priori), te quedas viendo la peli hasta el final, perplejo, alelado, hipnotizado porque lo que estás viendo parece tan real como la vida misma. Situaciones ingeniosas y artefactos a partir de objetos cotidianos, etc. Invita a la reflexión, creo, el hecho de que las películas de Disney sean archiconocidas por todo el globo siendo lo que son, y que a Jiri Barta sólo lo conozcan en el “cine de culto” siendo lo que es.

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Y es que si a Jiri Barta se le plantea el problema de no disponer de la tecnología suficiente para llevar a cabo su obra, busca inmediatamente una alternativa “casera y artesanal” e igual o más efectiva que la primera baza; verbigracia, hay un momento en que el malo malote del film intenta ahogar a los héroes en aguas negras: esas aguas son bolsas de basura animadas moviéndose a la velocidad de los rápidos o las cascadas; otros ejemplos son el monstruo-futón, o el teléfono que no es más que dos cacerolas unidas por un cable.

No en vano Peter Debruge hizo en Variety lo mismito que estoy haciendo yo aquí: comparar Toy Story con In the attic. Al respecto escribió: “despite their inflexible faces, Barta conceives all sorts of inventive ways to bring these inanimate objects to life. […] Should a given shot prove too tricky to accomplish practically, Barta has no qualms about using digital compositing to blend multiple stop-motion plates. Though rudimentary, fire and water effects are especially effective.

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-La trama: volvemos a lo dicho en el punto 1º. “Toy story”, al igual que sus predecesoras, no es más que otra película Disney en la que unos personajes cuyo físico contrasta con su personalidad (Rex, el dinosaurio miedoso; Buzz, el muñeco que se cree un astronauta/superhéroe cuando no es más que un muñeco, etc) aprenden una valiosa lección sobre la amistad y todo eso, a partir de una trama idealizada en la que se propone un problema u objetivo, se encuentra una solución y todos felices. Barta en cambio nos propone una historia más (sur)realista (si fuera verdad que los muñecos cobran vida en un gigantesco desván, ¿no sería lógico que le tuvieran pavor a los humanos, como seres poderosos que son, en lugar de tomarlos como amigos y compadres como hace Disney? Pero es verdad, en Disney no hay miedo, no hay peligro, y si lo llega a haber, desaparecerá pronto para convertirse en un arcoiris de bondad, amistad, amor y confeti) en la que un ser maligno que sólo tiene un brazo y una cabeza (y parece estar hecho con barro, al estilo del Faust del gran Svankmajer), secuestra con la ayuda de su ejército de bichos y engendros a una muñeca bonita y delicada (Flora) y sus amigos tienen que cruzar el peligroso desván para rescatarla. Barta no se centra tanto en presentar valores morales, sino que más bien crea una trama como cualquier otra y deja que ese valor moral se sugiera solo, sin soliloquios internos ni ambages, sino mediante las acciones puras y duras de unos personajes con perfiles psicológicos como los de cualquier persona real.

-Los personajes: claramente no hay color. Los personajes de Toy Story son descaradamente carismáticos y moralistas; en exceso, y ahí reside el problema, por culpa de eso no nos podemos encariñar con ellos; son demasiado buenos; no son como nosotros; no son realistas. Por contrapartida, en In the attic nos encontramos con personajes más humanos, más ingeniosos: un señor patata que no está hecho de plástico sino de plastilina; un oso de peluche de carácter pacífico y sereno; un caballero andante de madera roída y sucia y aspecto bohemio, que usa un lápiz afilado como espada (este último, por cierto, me recordó bastante a los maniquíes del corto del mismo Barta “The club of the laid off“, o a un Quijote a la checa). Con estos personajes es muy difícil no encariñarse.

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-El público: probablemente esta diferencia es la causa de casi todas las demás. Toy Story, y Disney en general, está dirigido sobre todo a los niños, y pocos adultos encontrarán solaz en sus películas. En cambio, y como bien dijo Debruge, “For all its charms, In the Attic feels vaguely sinister and may prove too intense for younger kids – a testament to the film’s pacing and score, as well as how deeply auds emotionally connect with these occasionally macabre toy characters.” En esencia, que In the attic es “vagamente siniestro”  y en muchos momentos se vuelve demasiado intenso para los niños. Es, pues, una película más para adultos que aún se sienten un poco niños que para niños que quieren hacerse pasar por adultos. Esto se nota a veces en el guión, o en el ejército de bichos tan “asquerosito” y realista, o en la crueldad e insensibilidad que demuestra el villano en todo momento, o en la forma en que tratan a Flora cuando la secuestran, obligándola a limpiar una habitación que se va llenando a cada instante de más y más hollín, en plan castigo-interminable-típico-olímpico cual Sísifo. Creo que este tipo de cosas son las que demuestran que este largo va dirigido a un público algo más maduro.

Y creo que ya está. Creo que es suficiente. Invito a visionarla y a comparar ese estilo “artesanal” de Barta con las superproducciones norteamericanas. Más de uno podrá llevarse una sorpresa con esta joya infravalorada.

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Contraste, tetas y satanismo cuando Disney aún valía la pena (es decir, hace ya como tres cuartos de siglo).

Voy a hacer algo horrible y fuera de lugar, algo desconsiderado, deplorable y, a priori, para nada propio de una persona racional y con buen gusto. De hecho, me odio tanto desde que esa idea empezó a rondar mi cabeza que en cuanto lo haga, me fustigaré diez veces por cada palabra que conste en este post. Lo que voy a hacer, dentro de un par de párrafos, o quizás tres, es comparar (sic) una de las partes de “Fantasía” de Disney con “Kanashimi no Beradonna” de Eiichi Yamamoto.

La película de 1940 (¿alguien es tan viejo como para poder recordar a Disney cuando sólo era un estudio de animación lleno de melosas y ñoñas esperanzas, tipo Ghibli occidental pero exento de ingenio, antes de convertirse en la patrocinadora oficial de estúpidos niñatos que cantan pop del malo durante un año o dos, y luego son totalmente olvidados?) está dividida en ocho segmentos bien diferenciados, interpretando y animando cada uno de ellos sendas obras de compositores clásicos, como Tchaikovski o Beethoven. Bien, pero sinteticemos rápidamente: lo mejor que se puede hacer con la primera hora y media de “Fantasía” es no verla; lo más sensato es saltarse los seis primeros segmentos (con perdón, quizás, de “Tocata y fuga en Re menor”, el primero) y pasar directamente a la Manteca, esto es, a los dos últimos: “Una noche en el Monte Pelado” y “Ave María”.

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“Una noche en el Monte Pelado” no sólo no es tediosa ni melosa como el resto de segmentos, sino que, al contrario, es una pieza magistralmente trazada y pergeñada, cuidadosamente pintada al carboncillo y que poco tiene que envidiar a las obras de Collins, Mulloys o Plymptons. Está basada en un poema del compositor Modest Músorgski, con música de su compañero Nikolái Rimski-Kórsakov. Comienza con la imagen del monte antes citado, en tonos fríos y con claras ondulaciones en el cielo que vaticinan las fuertes corrientes de viento creadas por el protagonista. Este monte entonces se convierte, así de sopetón, en Chernabog (una negra deidad eslava equivalente a Satanás), y éste, mediante unas sombras que proyectan sus manos, inunda a un pueblo entero en tinieblas y  hace salir a las almas de los difuntos del lugar de los cementerios, de los cadalsos, del agua, etc; algunas van sobre caballos, otras sobre escobas, otras llevan capucha y otras son simplemente esqueletos voladores, unas son blancas y otras negras, pero siempre estilizadas y alargadas, y a menudo antitéticas y contrastadas unas con otras (almas flexibles seguidas de otras con escasa movilidad, y por supuesto ese momento en que, durante pocos segundos, se invierte varias veces y rápidamente el color blanco y negro de las almas), pero luego profundizaremos en el contraste.

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Entonces, seguimos, las almas se dejan llevar por las corrientes y son atraídas hasta el demonio, y éste levanta sus manos (en este instante, vistas de lejos, las almas parecen un ruidoso enjambre de abejas) y provoca una llamarada de fuego que lo cubre todo. Estamos ahora contemplando a unos pequeños diablillos, algo zoomorfos, danzando en una especie de aquelarre de forma sectaria;  Chernabog  despliega sus manos y atrapa a varios de esos diablillos, les esboza una siniestra sonrisa y, acto seguido, los lanza a las llamas a su suerte, tornando esta sonrisa en cruel repugnancia.

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Y es en ese momento, justo en ese momento, cuando empieza la Manteca dentro de la Manteca (para los que no estén familiarizados con el término “Manteca”, queremos decir “lo mejor dentro de lo mejor” de la película, aunque repetimos otra vez que a nuestro parecer “Una noche en el Monte Pelado” no sólo es brillante y lo mejor de Fantasía, sino también la única parte pasable), cuando comienza el contraste de colores y formas que nos lleva a decir que no hay otra obra que nos recuerde a “Una noche en el MP”, que “Kanashimi no Beradonna” (Belladonna of sadness), por la continua sucesión de bestias que no dejan al ojo descansar un segundo solo, por la transformación ininterrumpida, y además, porque ambas obras tratan sobre el satanismo; pero no hay otra obra en el mundo que trate el sexo de una forma tan simbólica, tan artística, como ésta (Belladonna), y eso la eleva a la máxima potencia, infinitamente lejos de “Fantasía”… y no vamos a empezar a dar nuestras opiniones sobre la película porque necesitaríamos varios posts sólo para ella, y además, hay un  exhaustivo post sobre ella en el fantástico blog de animación esperantoapaulpot, cuyo enlace está a la derecha, al que no creemos que se pueda añadir nada.  Vamos a ir un poco más allá en esto del contraste de “Una noche en el MP”; dos cosas:

Primera cosa: el color. El contraste en el color (suponemos que como elemento sorpresivo que viene a desdramatizar un poco, a volverlo todo aún más convulso) es más que evidente. Justo después de lanzar a aquellos diablillos a su perdición, no hay una escena en que se puedan percibir menos de tres colores: unos demonios azules, otros rojos, y de pronto el humo verde; y luego en el momento arpía, y el vórtice, y las formas de mujer en las ondulaciones del fuego, que primero es violeta y azul, luego verde y naranja… cada escena, cada segundo a partir de aquí, es un deleite visual, una recreación continua.

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Segunda cosa: las formas. El contraste en las formas no es quizá tan evidente, o al menos creemos que no llama tanto la atención, al quedar eclipsado por el descarado contraste cromático, pero también ejerce un papel fundamental:  acompaña al continuo movimiento provocado por nuestro protagonista , lo acrecienta, se regocija en él. Mientras el fuego y el vórtice representan líneas curvas y cálidas, los demonios, las manos de Chernabog (y sus cuernos, sus dientes) son líneas rectas y bien perfiladas. Esto, unido a la celeridad de la obra y a su ininterrumpida metamorfosis (compárese con “Malice in Wonderland”, de Vince Collins.) crea la confusión y el caos que necesita, y que debe transmitir, la obra. Pues sin ese caos, el octavo segmento no tendría sentido ni fundamento.

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Bien, agotado ya el tema del contraste, vamos con otras cosas. Nos quedamos con dos grandes momentos para la memoria: (1) cuando Chernabog tiene unas llamas reposando en la palma de su mano, y con la otra, las aviva, literalmente porque las llamas adquieren forma de mujer y bailan lenta y sicalípticamente en su mano. Esto dura bien poco, pues el Diablo pronto se harta y las convierte en un cerdo, una cabra y un lobo (el cerdo terriblemente obeso, el lobo casi en los huesos, por eso del contraste en las formas). Y (2) por supuesto el momento “arpías”. Jamás creí que vería un buen par de peras, con sus pezones y todo, en Disney. Pero no sólo por eso, sino porque es, ya muy cerca del final, el clímax total de la obra, la cresta de la ola, en la que el contraste (palabra comodín de este post, repetida hasta más allá de la saciedad) toca cima en todas sus perspectivas. Simplemente subyugante.

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En cuanto a “Ave María”, no me entretendré lo más mínimo: es la calma tras la tormenta, la justificación a tanto caos. Lo de siempre: la sempiterna batalla entre la luz y la oscuridad en la que, en este mundo Disney/mainstream, tiene que ganar la luz sí o sí.

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Poco más puedo decir. Que nunca creí que vería tetas y animación de Disney que me sedujera de verdad hasta que hace poco, por curiosidad y de casualidad, me vi ésta. Aun así es realmente triste que Disney comenzara tan bien y con tantas esperanzas y que se haya convertido en lo que es hoy. Es trágico, mucho más que las historias que ellos mismos cuentan.

Pero bueno, siempre que ganen dinero, a ellos poco les importará, ¿no?

 

 

…bueno, si no me fallan las cuentas, creo que son 13060. Vamos allá.

Kiss me like you wanted (but i’d like it under my waist…)

En una tarde de 2004 que los católicos fundamentalistas nunca olvidarán, un hombre llamado Seteve Juliano contactó con otros dos guitarristas (Timoteo Rosales III y Gabe Iraheta), un bajista y una violonchelista (Brian y Kerith Telestai, marido y mujer, devotos cristianos) y un baterista (Ryan Seaman en sustitución de la primera baza, Victor Angel Camarena, que dejó el grupo por diferencias de intereses al poco de ser fichado) para formar un grupo, “I am ghost”. Este grupo no resultaría fácil de clasificar, pues al encaminarse al post-hardcore no acabaron desarrollando una deletérea personalidad popera (como Alesana) o Techno (como Asking Alexandria, aunque este último sí mantuvo su estilo), ni se entregaron a la experimentación fuera cual fuera el resultado (como Craigy Owens en Chiodos), sino que, siendo siempre fieles a su estilo metal-gótico con tintes operísticos (siempre, siempre…), nos obnubilaron con sus chillidos, sus solos de guitarra impresionantes y sus letras simbólico-poéticas, casi por completo aludiendo a la biblia.

Comenzaron lanzando su primer EP, “We’re always searching”, con el que ya podíamos adivinar el estilo de la banda. Aunque mucho más garajeros, sus solos ya ponían de manifiesto el horror-punk y el metal gótico que los definiría. Canciones como “Eulogies and epitaphs” o “The most beautiful nightmare” podrán probarlo. Otras, como “The dead girl epilogue” o “Lady Madeline in her coffin” (canción inspiradísima en el relato poesco “The fall of House Usher”), buscaban, aun manteniendo (siempre) su estilo,  evocar un sentimiento de soledad, de desesperación y desesperanza; esto es notable en los minutos instrumentales que preceden a dichas canciones. Más metalera es “Kiss me like you wanted (I will never tell)”. También se podían dejar ver por el EP canciones que aparecerían en “Lovers’ Requiem”, como son “We’re always searching”  y “Pretty people never lie, vampires never really die”.

Y así, tras el innegable éxito que les proporcionó su EP, grabarían el LP “Lovers’ Requiem”, su ópera prima (nunca mejor dicho). El disco narra la historia de amor  entre un vampiro y un ángel (sobre todo con “Pretty people never lie…”), y se presenta, ya con el primer tema, como un verdadero requiem de antaño: “Crossing the River Styx” es un alarde de genialidad en que unas voces dramáticas e histriónicas (como debe ser en toda ópera, ¿verdad?) corean el Kyrie Eleison con un virtuosismo inefable. “Our friend Lazarus sleeps” (con un videoclip bastante cutre), “Killer likes candy” u “Of masques and martyrs” son canciones muy punteras con sendos solos de guitarra vibrantes y muy meritorios. “Dark carnival of the Immaculate” pasa por ser mi canción predilecta (“We wont turn to dust!!”), con el mejor solo del LP, las letras más alegórico-absurdas, los coros mejor sobrevenidos y demás; es simplemente una canción mítica, al menos a mi parecer. Kerith Telestai nos regala su voz en varias canciones, acompañada de  los alaridos de Steve Juliano (como en “The ship of pills and needed things”, tema en el que también es digno de mención el violín electrónico de ella) o a veces ella solita (en el último tema, “Beyond the hourglass”, y en la preciosísima balada “This is home“). Entre alguna canción y otra llega de improvisto “The Denouement”, en la que, a la manera de “Crossing…”, unas voces operísticas corean el Kyrie Eleison, solo que esta vez la guitarra y el violín tienen más protagonismo. No sé qué podría decir más… a mí este LP me parece una puñetera genialidad, la mejor opera-rock que he tenido el privilegio de escuchar.

Pero, como todas las bandas que me gusta(ba)n (Saetia, Chiodos, Alesana, Cap ‘n Jazz…) “I am ghost” estaba condenado a desvirtuarse o desaparecer. Y he aquí que ocurrieron las dos cosas. Su segundo LP, “Those we leave behind”, contaba con una gran diferencia respecto al anterior: el matrimonio Telestai dejó la banda porque a Steve Juliano gritó varias veces en un concierto la palabra “fuck”, y eso para ellos era imperdonable, aun en un grupo metal. Pero como Steve parece ser que no quería largarse del mundo de la música con la cabeza bien alta, tuvo que seguir adelante y grabar el LP sin ellos. Así salió: perdieron la originalidad y el virtuosismo, las letras eran ahora mucho más melosas (siendo todavía muy cristianas) y, mientras que en “Lovers’ Requiem” todas las canciones tenían su personalidad, su solo y su estilo, en “Those we leave behind” las canciones son casi todas idénticas entre sí; además, en lugar de interludios operísticos como en aquél, en éste nos encontramos un “Interlude: remember this face, baby”, techno-industrial-raro, que no viene al albur de nada. Por salvar algo, me quedaría con el prólogo “We dance with monsters”, por la letra y el teclado, con “Bone garden” aunque repiten un estribillo insípido hasta más allá de la saciedad, con “Saddest story never told” (y con su videoclip)  y con “Set me free”, que, si no recuerdo mal, poseía un solo cañero.

Tras la cagada del segundo LP, al bueno de Steve no se le volvió a ver el pelo por el mundo de la música. Cada mochuelo se fue a su olivo, y aquí paz y después gloria…

Por eso aquí te recordamos, Juliano, y te rendimos un humilde y pequeño homenaje…

MIDNIGHT!! DESTRUCT!! LET’S GO!! YOU WILL TURN TO DUST!!!

the negation of one or more putatively meaningful aspects of life.

Alex Gross es un yanki que pinta unos oleos que te caes para atrás. Empezando por ahí. Su estilo simbólico-surrealista no puede estar más en boga hoy en día que, debido a la larga lista de artistas que se han grangeado fama y gloria durante todos los siglos pasados, parecería que ya todo el mundo ha visto y retiene en su memoria todas las combinaciones de formas y colores posibles, todos los paisajes y bodegones, y por eso a los pintores que quieran innovar no les queda otra que buscar el modo de cautivar, de transmitir sentimientos como la  nostalgia o el entusiasmo mediante objetos que, bien por su utilidad, bien por su aparición en eventos importantes de la vida, provoquen en la mente de sus clientes (del mundo entero) dicho mensaje.

Así es el arte de Alex Gross (¿no parece el tío de ahí arriba un cruce entre Vincent Price y Benicio del Toro?) . Lleno de iconos y objetos, de clichés y leitmotivs que que ya han sido vistos antes pero que adquieren un nuevo significado en el neoyorkino, resultado del contraste, de la mixtificación y descontextualización de esos objetos.

¿Y cuáles son los clichés del artista? Él nos los muestra sin miramientos ni sutilezas en la mayoría de sus obras: animales (o bien simples animales, o bien humanos con extremidades animales, como centauros u ovejas con cabeza humana…), pero sobre todo serpientes (víboras) y lagartos, también cepelines, moda urbana, teléfonos móviles, rascacielos, fábricas y todo lo relacionado con la tecnología… pero casi siempre, algo escondidos o a simple vista, una marca o un objeto conocido que nos evoca una época pasada, o un sentimiento concreto…

*GIRLFALLSINTOOPENMANHOLEWHILEMESSAGING:” chica cae a un agujero de alcantarilla mientras manda mensajes”

Es obvio que el artista guarda una fuerte aversión por las frivolidades de la comunicación por móvil; sus cuadros parecen lanzar a veces el mensaje de que la tecnología aliena a las personas.

Arriba,  “Nihilism

Pero esta es sólo una de sus facetas, lo que viene a representar el 70% de sus trabajos aproximadamente. El 30% restante se traduce en obras mucho más oníricas, esotéricas, exóticas, bíblicas o históricas…

Es aquí, o al menos en nuestra opinión, donde Alex Gross demuestra todo su potencial. Estos cuadros, si bien conforman la minoría de su obra completa, son los que transmiten sensaciones más profundas y desprovistas de la gastada paradoja “mainstream/antimainstream” que lo suele acompañar siempre. En estos óleos se contempla el espíritu surrealista que mueve al pintor (el mismo espíritu que acompañara a Dalí o a Ernst), y se pone por primera vez de manifiesto su libertad creativa, no ya en el plano de la animalización humana y esos rollos, sino enviar un mesaje, evocar una época historia o mistificarla (como dijimos anteriormente, la mixtificación es la piedra angular del arte de Gross); en resumen: pasarlo a su terreno y que siga gustando a la peña (lo que, creemos,  hoy en día es más difícil de lo que parece).

A la postre, un gran artista que nos ha confirmado que en Yanquilandia todavía existen personas creativas .