Qué es Saetia. Por qué Saetia.

Es algo complicado… difícil de responder si no es con más preguntas… ¿Qué es Saetia? ¿Por qué Saetia? ¿Por qué gritar metáforas curradísimas, dignas del más indigno Baudelaire, como si la vida te fuera en ello, con una voz desgarrada, amargada y machacada? ¿Por qué elegir entre hablar o gritar? ¿Por qué no cantar? ¿Por qué la naturaleza decide crear a Billy Werner? ¿Estaba todo planeado o fue fortuito? ¿Qué clase de capricho frívolo y fútil de la naturaleza crea a Billy Werner?

Y mucho más importante, ¿qué clase de capricho de Billy Werner crea ‘Saetia’?

Para siquiera intentar rascar la superficie de estas preguntas, tenemos que remontarnos al surgimiento de las post-bandas, y luego, al punto de inflexión en que dos de ellas inspiraron a Werner a construir de la nada nuestro objeto de estudio: Saetia.

Billy Werner en to’ lo suyo.

Así pues, el comienzo…

Nation of Ulysses

El comienzo de todo… puede que el desencadenante fuera el grupo de extrema izquierda ‘The Nation of Ulysses’; creo que esa fue la primera banda que (allá por 1988) hizo lo que quiso, experimentó e incluyó en varias de sus canciones trompetas y demás instrumentos de viento y percusión menos convencionales (sobre todo en el disco ‘Plays pretty for baby’, en temas como ‘The sound of jazz to come’, ‘N.O.U.S.P.T.D.A.’ y otros), además de la fuerte presencia de los bajos al principio de canciones como ‘P.Power’, . Lo que pasa es que ‘Nation of Ulysses’ es más punk que otra cosa, y su vocalista, el polifacético Ian Folke Svenonius, no hace otra cosa que poner tono vacilón y gritar a veces. A partir de él, a partir de Ulysses, a todas las bandas que surgieron a finales de los ’80/principios de los ’90 que innovaron un poco, se les adjuntó el prefijo ‘post’, a modo de advertencia.

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De todas las “post-bandas” que surgieron en aquella convulsa época, hablaremos aquí, y brevemente, de dos de ellas; las dos bandas que creemos más influyeron en la tardía formación del grupo Saetia: estas son ‘Tortoise’ y ‘Cap’n Jazz’.

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-Así que por un lado está Tortoise:

Tortoise es una banda post-rock que lleva liándola parda con sus idas de olla y sus ritmos jazzísticos desde el ’94. Fueron pioneros en eso del dub, o remezcla de temas ya existentes, que ahora está tan, tan en boga, y en incluir en sus canciones desde música electrónica hasta krautrock (rock psicodélico-experimental alemán). El minimalismo, el chill-out. la repetición, la presencia saturada de bajos y percusiones típicos del jazz en temas como ‘Glass museum’, ‘Dot-eyes’ o ‘TNT’ (el álbum que puede considerarse como el más cargado de influencia jazz de la banda). El tema de 20 minutazos ‘Djed’ demuestra la impresionante versatilidad de estos tíos, que no se agotan ni se muestran tediosos, sino que se antoja chill-out a veces, ambiental, o roza el jazz-fusión de los mismos Iceberg (banda de jazz-rock de Barcelona que no tiene parangón).

Podemos decir que ellos inspiraron a ‘Saetia’ en el sentido instrumental, ambiental y eso. De hecho, la única canción instrumental de ‘Saetia’ ‘Woodwell’ bien podría confundirse con un tema de los ‘Tortoise’. Aunque, a decir verdad, a  ‘Saetia’ le va mucho más el jazz que ‘lo experimental’, que parece ser a veces lo único que mueve a ‘Tortoise’…

Tortoise

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-…y en la otra mano tenemos a Cap’n jazz:

Cap’n Jazz es una banda indie-rock que más bien parece que no sabe ni lo que es. Es decir, en el indie no se pone la voz ronca, y en el grunge o el metal no se llevan esas melodías poperas-indies. Esta banda, formada por los hermanos Tim y Mike Kinsella, lanzó un LP llamado ‘Burritos, Inspiration Point, Fork Balloon Sports, Cards In The Spokes, Automatic Biographies, Kites, Kung Fu, Trophies, Banana Peels We’ve Slipped On and Egg Shells We’ve Tippy Toed Over’, conocido también como ‘Schmap’n Schmazz’ lo que demostró al menos que tenían iniciativa y  originalidad. Lamentablemente la iniciativa y la originalidad no les fueron suficientes; pocos meses después del lanzamiento del disco, Cap’n Jazz quiebra, y a la descarriada banda no le queda otra que disolverse.

Aun así, el descontrolado timbre de voz que demostraba el grupo (en casi todas las canciones, como en ‘¡Qué suerte!’ u ‘Oh messy life!’) caló más profundamente de lo que pareció. De hecho, nuestro objeto de estudio, ‘Saetia’, se vale de la misma técnica: destrozar totalmente sus gargantas a ver qué sale. Es decir, mientras que de ‘Tortoise’ coge la música, de ‘Cap’njazz’ pilla la voz.

Cap’n jazz

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Aclarado un poco el tema de los antecedentes, por fin podemos empezar a discernir sobre SAETIA un poco más profundamente.

Empezaremos bien, como sólo se puede empezar citando a uno de los grandes cínicos de la historia del mundo: un francés. Pues como explicó Charles Pierre Baudelaire en alguno de los poemas que componen Las flores del mal (¿”Toda entera”?) cuando el Diablo le preguntó qué parte de su amada le gustaba más: “puesto que en ella todo es bálsamo, nada puede ser preferido”.

Pues Saetia es igual: es igual que la amante prostituta, bizca y calva de la que Baudelaire afirma no poder preferir nada.  Nosotros tampoco podríamos. No podríamos quedarnos con la voz ni con las letras de Werner, ni con el virtuoso bajo de Matt Smith; no elegiríamos la guitarra de Behar ni la batería garagera de Drudy. Nos quedaríamos íntegramente con Saetia. Con toda la puta entera.

Pues todo en Saetia es bálsamo y luz. Y nada puede ser preferido.

Pero hablemos de su obra antes de intentar definir al grupo con metáforas insípidas. Saetia lanzó un par de EPs y luego un recopilatorio llamado “A retrospective”, en el que nos centraremos:

“To see our system as a void, to believe ourselves immune–
To never feel our wings melting.
We are all spirits trapped and dying. 
Trapped and dying.”

Esto es parte de la primera canción, “Notres langues nous trompent” (en francés, “nuestras lenguas nos engañan”), que empieza con un breve pitido que rechina, luego el fugaz sonido de unos platillos (cuatro veces, muy rápido) e inmediatamente somos llevados ante la tralla: somos llevados ante Billy Werner, que se pone a gritar descontroladamente como sólo él sabe hacer, mientras unas guitarras duras y rápidas nos acosan, nos violan como una isla espacial violó a La cosa del pantano en uno de los capítulos de la saga; a veces las guitarras suben, otras bajan, y en varias ocasiones están superpuestas y mientras unas bajan, otras suben; un desfase, y para colmo, la batería garagera no para de sonar más y más fuerte, más y más rápido, como si realmente la intención de Drudy fuese destruir, desintegrar su instrumento a golpe de baqueta. No sabemos si lo es. No lo sabemos.

Pero lo que sí está claro es que esta sensación de saturación y desasosiego que puede atraparnos en la primera canción, es una constante en Saetia, es su base, que sólo podrá desaparecer cuando lleguen a alguno de sus constantes y característicos cambios de ritmo, que son bruscos, inesperados, y siempre traen consigo el espíritu redentor para quien busca el jazz y la música más ambiental e indie (más Cap’n Jazz); o para quien, simplemente, sólo busque descansar un par de segundos de ese enjambre de ruido y desesperación que es la música de Saetia.

La siguiente canción, “The sweetness and the light” (“La dulzura y la luz”, palabras que, en la época victoriana, según el poeta Matthew Arnold, se referían a “la belleza y la inteligencia”, y juntas constituían la perfección humana), bien parece mucho más soft y cargada de bajos que la anterior. Y hay una parte a partir del medio minuto o así que se nos antoja Chill-out por unos momentos, como también nos pasara con Tortoise (sólo que aquí tenemos una voz más tranquila y estoica, más como la de los hermanos Kinsella).

Aun así antes de juzgarla tendríamos que mirar las letras:

“These testaments to divine light,
Years of work glare back at us…
Out from oil,
Out from marble,
Out from sound…
And sublimity, seeking sanctuary in the written word…
In the written word
To make the inspiration…”

Como se puede comprobar, Werner parece tener un lugar guardado por las musas en el Helicón. Parece querer componer sonetos existencialistas en cada canción. Y luego gritarlos como si se tratara de sus últimos estertores de vida. ¿Y por qué? ¿Por qué Werner, un masoca de la laringitis, recibió el don de la inspiración literaria? ¿Se lo merecía?

Desde luego, le supo sacar partido… en “An open letter” se repite el mismo patrón: comienza con unas guitarras duras y en menos de cuatro o cinco segundos ya tenemos a Billy gritando sin parar. Pero al llegar al minuto casi clavado, otra vez la tranquilidad, los coros graves al son de unos bajos imperturbables. Y sin previo aviso y antes de que acabe la parte chill-out… otra vez a chillar cual mula siendo sacrificada (o cual personaje en una película de Miike).

“To my dearest
It is almost like we’ve died
entwined in that way we are.
our voices,
our touch,
our lips are searching
for answers
to questions not asked.
It is not
a belief in dreams.
It is not
a refusal to accept.
It is a refusal
to let go.
And words written
over time only serve to paint these days
a clearer shade of black.

Now a dying wave on a shallow sea.
Now a dying wave on a shallow sea.See,
our lives fade apart to converge
only in my darker hours,
only in my saddest hours…
Take these words
pulled from me
tied to you.
Destroyed,
Destroyed,
Destroyed,”

La siguiente canción es “Woodwell“, una canción instrumental de Saetia que, como dijimos, bien podría ser confundida con una intro de Cap’n Jazz o un tema de los Tortoise. Esta es la canción que mejor podría reflejar esas influencias. Es repetitiva pero no del todo, porque cada vez que se vuelve a oír esa parte que te suena, te percatas de que tiene unos pequeños pero notables matices cambiados.

Ah, y creemos que este es tan buen momento como cualquier otro para recordar que Saetia no tiene ni ha necesitado nunca estribillo. Su dios no les deja creer en los estribillos. Los estribillos son creación del demonio. Por eso cuando Saetia quiere enfatizar en una frase o unas palabras, las repite varias veces, pero seguidas, no varias veces a través de la canción.

Corporeal” es el tema que viene después. Como de costumbre, es el bajo el que comienza a marcar el ritmo, y se repite el patrón de nuevo… guitarras duras que suben y bajan como una montaña rusa, la conocida “parte chill-out”, con influencia del jazz de “Tortoise” y “Cap’n Jazz” (que, para no ir olvidándolo, a la vez fueron influenciados por “Nation of Ulysess”), y rompe otra vez para acabar gritando casi a capela.

“Another ideal sculpted frame
To Love
To Want
To Fear
To Blame
We all hate to look,
we all love to picture.”

Ariadne’s thread” podría ser una de mis favoritas. El endiablado comienzo, y luego esos riffs acompañados del omnipresente bajo, que a todo llega y todo lo cubre. Hay un momento que adoro, y es en la parte tranquila, cuando, llevando la guitarra el ritmo desde el principio, se deja de oír sin previo aviso, y notamos como es sustituida por el bajo, que se ocupa de terminar el ritmo que estaba formando ésta todo el tiempo. Es el ejemplo perfecto de compenetración entre los instrumentos de la banda. Por eso en Saetia nada puede ser preferido.

“Perhaps we trust too much in this invisible thread to move on…
Flowers only live so long,
when they grow out of three small words.
“I only speak when spoken to;
I thought you knew this,
and I am sorry.”
Next time I will be careful what I wish for,
Next time I will be careful what I wish for.”

From he firmament” también mola un pegote. Me encantan los coros gritando poco antes de llegar a la parte “soft”, y luego una voz distorsionada que dice “I shut the door on you this time”.

Luego vendrían “Postlapsaria“, una canción más tranquila y repetitiva, más de “Tortoise”, y “Endymion“, que habla del mito griego del pastor y la Luna, y que sí cumple el patrón y las espectativas del grupo, los cuales no volveremos a repetir. Eso sí, de Endymion destacaríamos esas percusiones tan bestias de Drudy, que ya mencionamos anteriormente.

Roquentin” es mucho más rápida y chirriante, más angustiosa, más de Saetia (no de Tortoise o Cap’n Jazz: más de Saetia) que las que la precedían.  Incluso su parte “soft” es rara y chirriante, o al menos, a nuestro parecer.

The poet you never were“, creemos, pretende sugerir melancolía y tristeza (no desesperación y desesperanza como otros temas de la banda), por eso mantiene el ritmo con el bajo que da gusto. Aunque luego degenera y se vuelve experimental, y rápida, y rara, y todo lo dicho, el patrón y lo preestablecido desaparecen para dejar sólo a Werner, gritando “YOU NEVER KNEW EXISTED!”. Y “Some natures catch no plagues” es más de lo mismo, aunque no se vuelve tan loca como la anterior, es más tranquila y abusa un poco más del bajo.

Luego “The burden of reflecting“: el tema desconcertante de Saetia. Comienza dejándonos expectantes con unas guitarras que paran en seco para dejar sonar únicamente a unos platillos; luego, Werner, como es habitual y cosa que ya no nos debería sorprender a estas alturas del disco, se pone a “recitar” las letras (porque cantar Werner no canta casi nunca en todo el disco), y luego a gritarlas a velocidad de vértigo… Y “Close hands” es más de lo mismo, una de esas canciones de relleno que no están mal, pero no resaltan por nada en especial.

“Lost gray pictures of my past stain greener pastures of my future
rememberance and recognition forces me to reconsider
I am seeking to regress and recreating what I’ve found
a new beginning torn away
I’m spiraling spiraling down
empty hands on the ends of these reaching arms need the touch of something real”

Luego está “Venus and Bacchus“, nuestra predilecta. Ritmo más pegadizo, más evocador, las letras mejor escritas y mejor interpretadas a gritos, todo..

(person 1):
“close my eyes
pull my heart strings
pour my tears from your hands
‘connections are never easy,’ you said
empty words
empty soul
I believe that we are afraid of one another”
(person 2):
“and I, I believe that you have died within me”
…I fade from myself
I miss you again
I fade from myself
I miss you again…again
(what have we got?)
bloody broken and hidden away
I seek the rope from which we will hang
or so it seems
or so it seems
the dance of flesh on flesh has rendered us blind
(person 1):
“I look into eyes, I look into stone
it’s better to be stepped on than left all alone…
so now I choke on yesterday when I was someone
and I wonder where ‘forever’ went
and how our ‘everything’ came undone
I opened my eyes and the heaven beneath us died.”

Y luego están “One dying wish“, de la que destacaríamos su percusión garagera (más garagera en este tema que en cualesquiera otros, pues Drudy parece estar golpeando tuberías y viejas cajas de trapos sucios en vez de toms y un bombo) y sus coros a gritos, cosa que se ha visto otras veces, pero en ésta adquieren un tono más grave y desgarrado al preguntarse “when did we begin?”

Y por último, “Becoming the truth” es más hardcore,más rápida y con unas guitarras más duras. Es de las del estilo de “Burden of reflecting” o “From the firmament”.  Es de las que molan un pegote.

***

Pues Saetia evoca. Saetia es desesperación, desesperanza y desolación.

¿Qué es, exactamente, Saetia?

Desde luego es algo complicado… muy difícil de explicar si no es con metáforas que no significan nada…

¿Qué es Saetia? Es la inenarrable sensación de que te han atravesado la garganta con un soberbio palo de cricket; es el intento fallido de esnifarte un huracán; son los retortijones que sientes en el estómago cuatro minutos antes de vomitar el vodka Mikanoff que compraste en el Dia porque estaba tan barato; es la mar, y todas las criaturas que la habitan; son los ojos de Uma Thurman. Saetia es el sol ardiente y el Ícaro curioso.

En definitiva, Saetia es el uroburo del screamo: su cola y su cabeza que se muerde la cola.

“To make the inspiration
Visible.
Audible.
Touchable.
To create a world from dust
That is what it means to be our own deities.”

¿Qué es Saetia? Es el polvo y lo que se construye sobre el polvo. Es la prostituta bizca y calva que se agarra al falo de Baudelaire por las noches y va a los museos a insultar a los artistas y críticos por las tardes. Es la oscuridad y la amargura, el llanto y la serenidad, la inspiración visible, audible, palpable; es el capricho frívolo y fútil de Billy Werner.

Saetia es luz, es bálsamo… es la dulzura y la luz…

El día en que el pequeño Craigy recibió una segunda oportunidad. ¿La re(e)volución de Chiodos?

Sabíamos hace ya un tiempo que el pequeño Craig se había vuelto a unir, en una suerte de renuncia total a lo poco que quedaba de su orgullo, al hermanamiento musical Chiodos, del que antaño era líder.

¡¡Venga chicos, no seáis malos, jooooo!!

El caso es que el pasado 13 de Mayo escribieron una carta a los pocos fans que quedamos de su ahora “reinventada” banda:

chi-letter3

Resumiendo, algo así como:

Blablablablá estamos contentos de volver a ser una banda blablablá nopasanadacraigytequeremosdetodasformas blablablá blabliblabablá blabla pero antes de escribir y componer tenemos que volver a retomar nuestra antigua amistad bla blablá tensión reinante blablabliblá sodomía bla bla blablablá prepotencia intolerable desgarro anal blabla blabla nuevo LP casi terminado blablabla verá la luz en otoño.

-Craig, Brad, Pat, Matt, Derrick and Thomas.

El caso es que esta carta ha reanimado mi relación de amor-odio por el bueno de Craigy. Y ahora estoy, al igual que el resto de fans que quedan de la banda (que serán cuatro o cinco gatos a estas alturas), ansioso por salir de dudas.

¿Volverán a sus raíces? ¿Se acomodarán en la comercialidad como hicieron con sus respectivas bandas cuando se separaron? ¡¿Qué les espera al hermanamiento, gloria u otra monumental cagada?!

Y no queda otra que esperar… y rezar en secreto por que el bueno de Craigy Owens nos sorprenda y componga unas canciones originales como solía hacer…

¡¡AAAH CRETINO ASEXUADO!!

Kiss me like you wanted (but i’d like it under my waist…)

En una tarde de 2004 que los católicos fundamentalistas nunca olvidarán, un hombre llamado Seteve Juliano contactó con otros dos guitarristas (Timoteo Rosales III y Gabe Iraheta), un bajista y una violonchelista (Brian y Kerith Telestai, marido y mujer, devotos cristianos) y un baterista (Ryan Seaman en sustitución de la primera baza, Victor Angel Camarena, que dejó el grupo por diferencias de intereses al poco de ser fichado) para formar un grupo, “I am ghost”. Este grupo no resultaría fácil de clasificar, pues al encaminarse al post-hardcore no acabaron desarrollando una deletérea personalidad popera (como Alesana) o Techno (como Asking Alexandria, aunque este último sí mantuvo su estilo), ni se entregaron a la experimentación fuera cual fuera el resultado (como Craigy Owens en Chiodos), sino que, siendo siempre fieles a su estilo metal-gótico con tintes operísticos (siempre, siempre…), nos obnubilaron con sus chillidos, sus solos de guitarra impresionantes y sus letras simbólico-poéticas, casi por completo aludiendo a la biblia.

Comenzaron lanzando su primer EP, “We’re always searching”, con el que ya podíamos adivinar el estilo de la banda. Aunque mucho más garajeros, sus solos ya ponían de manifiesto el horror-punk y el metal gótico que los definiría. Canciones como “Eulogies and epitaphs” o “The most beautiful nightmare” podrán probarlo. Otras, como “The dead girl epilogue” o “Lady Madeline in her coffin” (canción inspiradísima en el relato poesco “The fall of House Usher”), buscaban, aun manteniendo (siempre) su estilo,  evocar un sentimiento de soledad, de desesperación y desesperanza; esto es notable en los minutos instrumentales que preceden a dichas canciones. Más metalera es “Kiss me like you wanted (I will never tell)”. También se podían dejar ver por el EP canciones que aparecerían en “Lovers’ Requiem”, como son “We’re always searching”  y “Pretty people never lie, vampires never really die”.

Y así, tras el innegable éxito que les proporcionó su EP, grabarían el LP “Lovers’ Requiem”, su ópera prima (nunca mejor dicho). El disco narra la historia de amor  entre un vampiro y un ángel (sobre todo con “Pretty people never lie…”), y se presenta, ya con el primer tema, como un verdadero requiem de antaño: “Crossing the River Styx” es un alarde de genialidad en que unas voces dramáticas e histriónicas (como debe ser en toda ópera, ¿verdad?) corean el Kyrie Eleison con un virtuosismo inefable. “Our friend Lazarus sleeps” (con un videoclip bastante cutre), “Killer likes candy” u “Of masques and martyrs” son canciones muy punteras con sendos solos de guitarra vibrantes y muy meritorios. “Dark carnival of the Immaculate” pasa por ser mi canción predilecta (“We wont turn to dust!!”), con el mejor solo del LP, las letras más alegórico-absurdas, los coros mejor sobrevenidos y demás; es simplemente una canción mítica, al menos a mi parecer. Kerith Telestai nos regala su voz en varias canciones, acompañada de  los alaridos de Steve Juliano (como en “The ship of pills and needed things”, tema en el que también es digno de mención el violín electrónico de ella) o a veces ella solita (en el último tema, “Beyond the hourglass”, y en la preciosísima balada “This is home“). Entre alguna canción y otra llega de improvisto “The Denouement”, en la que, a la manera de “Crossing…”, unas voces operísticas corean el Kyrie Eleison, solo que esta vez la guitarra y el violín tienen más protagonismo. No sé qué podría decir más… a mí este LP me parece una puñetera genialidad, la mejor opera-rock que he tenido el privilegio de escuchar.

Pero, como todas las bandas que me gusta(ba)n (Saetia, Chiodos, Alesana, Cap ‘n Jazz…) “I am ghost” estaba condenado a desvirtuarse o desaparecer. Y he aquí que ocurrieron las dos cosas. Su segundo LP, “Those we leave behind”, contaba con una gran diferencia respecto al anterior: el matrimonio Telestai dejó la banda porque a Steve Juliano gritó varias veces en un concierto la palabra “fuck”, y eso para ellos era imperdonable, aun en un grupo metal. Pero como Steve parece ser que no quería largarse del mundo de la música con la cabeza bien alta, tuvo que seguir adelante y grabar el LP sin ellos. Así salió: perdieron la originalidad y el virtuosismo, las letras eran ahora mucho más melosas (siendo todavía muy cristianas) y, mientras que en “Lovers’ Requiem” todas las canciones tenían su personalidad, su solo y su estilo, en “Those we leave behind” las canciones son casi todas idénticas entre sí; además, en lugar de interludios operísticos como en aquél, en éste nos encontramos un “Interlude: remember this face, baby”, techno-industrial-raro, que no viene al albur de nada. Por salvar algo, me quedaría con el prólogo “We dance with monsters”, por la letra y el teclado, con “Bone garden” aunque repiten un estribillo insípido hasta más allá de la saciedad, con “Saddest story never told” (y con su videoclip)  y con “Set me free”, que, si no recuerdo mal, poseía un solo cañero.

Tras la cagada del segundo LP, al bueno de Steve no se le volvió a ver el pelo por el mundo de la música. Cada mochuelo se fue a su olivo, y aquí paz y después gloria…

Por eso aquí te recordamos, Juliano, y te rendimos un humilde y pequeño homenaje…

MIDNIGHT!! DESTRUCT!! LET’S GO!! YOU WILL TURN TO DUST!!!

El día en que el pequeño Craigy fue sodomizado (La involución de Chiodos).

Todos tenemos defectos: alopecia, afecto hacia Jim Carrey, esquizofrenia… no hay humano que no tenga uno. Y mi mayor defecto (que no el único) es que, haga éste lo que haga, sigo y (temo que) seguiré siempre la carrera musical de Craig Owens.

Craigery Michael Owens, víctima de sendos ataques de ansiedad, depresiones y desórdenes bipolares (para mayor obviedad, compárese Cinematic sunrise [del que por desgracia habremos de hablar más tarde] con el primer álbum de Chiodos, “All’s well that end’s well”), forma la banda de post-hardcore Chiodos en 2001, llamada originalmente The Chiodos Bros en homenaje a Stephen, Charles, y Edward Chiodo, artistas de los efectos especiales que ganaron renombre con la deliciosamente bizarra Killer clowns from the outer space. Sus tres primeros EPs, “Chiodos Bros” (puramente acústico), “The best way to ruin your life” (título que alude al matrimonio) y “The heartless control everything” (EP más entrado en estridencias y gritos, cuyo título pone de manifiesto el frikismo de la banda y su devoción por el videojuego Kingdom Hearts) ya fueron marcando las pautas que la banda quería seguir. De estos trabajos, admiramos la imperdonable y virtuosísima “The lover and the liar“, “Pirates and rebels“, que parece ser la antecedente directa de la ulterior “All nereids beware”, y también nos gustan”Ravishing Matt Ruth” y “Hathaway Lane”.

Tras estos humildes escarceos, por fin llegó “All’s well that end’s well”, el primer LP. Fuertemente inspirado en William Shakespeare, este álbum dista mucho en creatividad rítmica, en estilo y ejecución de lo anteriormente probado. Si bien habíamos notado en sus EPs la presencia sobrecargada de los teclados por encima del resto de instrumentos (nótese en la mencionada “The lover and the liar” o en el solo de “Bulls have horns“), en “All’s well…” se lanzan a la piscina probando con efectos de todo tipo (¿cómo justificar si no la rarísima “Who’s Sandie Jenkins?“), xilófonos (en “All nereids beware“), añaden importancia a los cambios de ritmo, al bajo (escúchese nuestra canción predilecta de la banda: “No hardcore dancing in the living room“), pergeñan melodías que parecen recién sacadas de películas de terror (al final de “There’s no penguins in Alaska“) a veces casi industriales, casi poperas (Craig Owens lleva el pop en las venas, si no, escuchad la muy antitética “The words best friend become redefined“, paradigma que recoge todas las características citadas del disco), pero siempre originales. La verdad es que pocos apostarían por los alaridos de Craig al ver su aspecto, pero verdaderamente no lo hace nada mal. Respecto a Shakespeare, el propio título está sacado de una comedia homónima del Bardo, además de que muchos de sus versos están repartidos entre canciones como “Expired in Goreville” (tema que habla de Romeo y Julieta) y “One day women will all become monsters” (canción misógina, casi indie a veces, cuyo título viene de “El Rey Lear”).

El álbum vendió más de 200.000 copias y fue relanzado con material adicional varias veces (canciones bonus como la versión acústica de “Baby, you wouldn’t last a minute on the creek” o “Queen of diamonds“, además de la inolvidablemente melosa “Lindsay quit lollyggagging“, que ya se dejaba ver por el primer Ep, el acústico). Y después de dos años de giras y composiciones, lanzarían “Bone palace ballet”, álbum cuyo título viene prestado de un poemario del encantadoramente vulgar Charles Bukowski. Este LP no sólo es tan (o más) virtuoso que el anterior, sino que lo es en un ámbito musical completamente diferente, el opera-rock. Entre las incorporaciones instrumentales novedosas respecto al anterior trabajo se cuentan desde violines y violas(“Two birds stoned at once“,”Life is a perception of your own reality“, alguna parte de “The Undertaker’s thirst for revenge is unquenchable (The final battle)”) hasta órganos de iglesia (en “If I cut my hair, Hawaii will sink“) pasando por los omnipresentes pianos, chasquidos y coros (“Lexington (Joey Pea-Pot with a monkey face)” es el colmo del dramatismo, acrecentado además por su inolvidablemente nefando videoclip) e incluso pitos de árbitro (en serio, efímeramente en el solo de “We swam from albatross, the day we lost Kailey Cost“, canción que demuestra la gran versatilidad del grupo); además, suspiros, gemidos (en “Is it a progression if a cannibal uses a fork?”), y unas letras originales (a veces melifluas pero casi siempre acertadas, como en “I Didn’t Say I Was Powerful, I Said I Was a Wizard“), títulos, como es característica inconfundible en la banda, innecesariamente largos (cómo olvidar “Bulls Make Money, Bears Make Money, Pigs get Slaughtered” o “Teeth the size of piano keys“) y, sobre todo, Craig Owens, su voz y su insoportable talento que nos lanza a la cara a veces tan descarada y equívocamente.

Y con casi toda probabilidad fue esto, su autárquico y poderoso ego, lo que causó que, aquel 24 de septiembre de 2009, el pequeño Craigy (¡bendito sátrapa!) fuera juzgado por el resto de Chiodos, quienes le vaselinizaron de arriba a abajo y le imputaron la pena de sodomía leve y correspondiente expulsión del hermanamiento.

Pero ni Craig ni lo que quedó de banda (pues también echaron al batería) se detuvieron aquí: intentarían seguir adelante sin la (in)condicional ayuda que las inesperadas expulsiones les habían brindado todos estos años. Chiodos siguió adelante fichando a un tal  Brandom Balmer (o Bolmer, o Palmer, la verdad es que no me he tomado la molestia de aprender su nombre) y a otro al que se diera la percusión al menos la mitad de bien que a Derrick Frost.

El tercer disco de Chiodos, con un nombre tan pretencioso como “Illuminaudio”, fue un fiasco total (hemos reiterado en numerosas ocasiones que Craig Owens no es nada sin Chiodos, pero también viceversa): repetitivo, poco original, mal cantado (teniendo en cuenta que la voz de Craigy era tan o más aguda que la de una fémina, podríamos suponer fácilmente que la del tal Brandom (¿o era Brian?) sería más grave y viril que la de su antecesor, pero parece ser que no, no lo es, y eso dice mucho en contra de la voz de Brian). Siendo quizás excesivamente generosos, podríamos salvar “Love is a cat from Hell“, que es otro poemario de Bukowski (otra vez como en “BPB”, denota de nuevo muy poca originalidad, y más si lo comparamos con el salto Shakespeare-Bukowski del primer al segundo LP), porque el teclado nos llama la atención, pero la verdad es que Chiodos le ha metido demasiada caña al teclado, lo ha gastado completamente durante los dos primeros discos y en este trabajo no iba a ser menos, está increíblemente sobrecargado en todas las canciones. También está “Stratovolcano mouth“, que recoge partes de “Thermacare“, una demo que grabó Owens antes de su partida y que luego introduciría en un nuevo disco bajo el nombre de “The only thing you talk about”.

Por su parte, Craigy fundó “D.R.U.G.S”, acrónimo de “Destroy Rebuild Until God Shows”, y lanzó un disco homónimo bastante pobre musicalmente, obsesionado en encontrar títulos llamativos, palindrómicos (“Laminated ET animal” o “Mr. Owl ate my metal worm”) y olvidando lo importante: la originalidad (que supo manifestar en Chiodos, pero que se le agotó al separarse de ellos), el virtuosismo y la alternancia de diferentes instrumentos a través de las canciones, probando combinaciones y efectos que, aunque a veces resultaran algo inesperados o inapropiados, siempre nos impresionaban. Nos quedamos con la canción “If You Think This Song Is About You, It Probably Is“, dirigida directamente a su ex-banda Chiodos, y con poco más, quizás “My swagger has a first name” o el comienzo de “Stop reading, start doing pushups“.

Pero hemos obviado gran parte de la historia, dejándola para el final por ser la más ridículamente ñoña: nuestro Craigy había participado ya en al menos tres o cuatro bandas anteriores a D.R.U.G.S, siendo líder de un par de ellas mientras llevaba adelante Chiodos (otras bandas se encuentran en el lapso cronológico en el que Craig no estaba ni en Chiodos ni en D.R.U.G.S).

“Isles and glaciers” es un supergroup (una banda hecha a partir de miembros de otros grupos famosos, en este caso de “Emarosa”, “Pierce the veil”…) que lanzó su primer y único LP, “The hearts of lonely people”, en 2008, mostrando un estilo similar a Chiodos pero mucho más suave, gritando a veces pero manteniendo la melodía, una melodía más indie, pero sobre todo más popera (eeks…), por encima de todo. Nos inclinamos aquí, aunque con mucha pereza, por la más industrial (¿?) “Empty sighs & wine” y quizás por “Hills like elephants”, aunque nos parece realmente pobre.

Asimismo, Craig ya había participado en varias canciones de “The sound of animals fighting”, supergroup realmente extraño (cuyo primer  trabajo, “The tiger and the Duke”, acompañado de interludios techno a modo quizás de “I am ghost” y su “Interlude: Remember This Face, Baby“, aunque huelga decir que mucho menos industrial y más melódico, se presentaba con las ínfulas de una ópera de cuatro actos) en cuyo segundo LP, “Lover, the Lord has left us”, debutó con “Un’aria” (“un aire” en italiano), “Un’aria ancora” (“otra vez un aire”) que es prácticamente igual (ambas consisten en Craig demostrando su melosidad y femineidad a capela), y con “Horses in the sky“, más heavy, más aceptable (de hecho, una de las pocas aceptables del segundo LP). La verdad es que nuestras canciones favoritas son las que no son cantadas por Craig (recordemos que éste pierde todo su carisma al ser pateado de la banda a la que realmente pertenece, y en la que mejor se exhibe): “Act I: Chasing suns” y “Act III: Modulate Back to the Tonic” del primer LP, “Stockhausen, Es Ist Ihr Gehirn, Das Ich Suche” (“Stockhausen, es su cerebro lo que estoy buscando” en alemán) y pocas más del segundo (casi todas son baladas simplonas); el tercero, empero, no nos atrevimos a escucharlo.

Arriba: portada de “A coloring storybook and long playing record”, patético.

Abajo: los patéticos integrantes de “Cinematic sunrise”.

Por último, nos faltaría hablar de la injustificable, censurable y deleznable banda “Cinematic sunrise”. Su primer y (gracias al altísimo) último LP, “A coloring storybook and long playing record”, se vendió, haciendo honor a su título, como un libro de colorear, vendiéndose incluso con ceras de colores para pintar el libreto monocromático. De aquí no salvamos nada; suponemos que fue una cagada transitoria de Craigy (la más monumental de todas sus cagadas transitorias anteriormente citadas) causada por sus trastornos bipolares. Es como si “Panic!At the disco” y Mika se le hubieran aparecido en sueños (o en visiones alucinógenas) y le hubieran contado que la música debe ser pergeñada sólo como antidepresivo, para hacerte feliz con tonos fáciles únicamente, olvidando que la música debe expresar sentimientos más diversos que la alegría (cosa que por otra parte tampoco logra transmitir esta banda con canciones tan insoportables como “Umbrellas and elephants” o “Ethan’s song”).

“Hola, me llamo Craig Owens y soy feliz con mis nuevos amigos”

Pero toda esta verborrea ampulosa y enjundiosa no sirve sólo para desahogarme, pues también quería comentar, para acabar de una vez con este post que ya se me está alargando demasiado (Craigy no se merece tanta atención), que Craig Owens y Derrick Frost van a volver de nuevo a Chiodos (Brian Balmer y el otro batería se fueron, o los echaron, el caso es que duraron demasiado) para grabar juntos un cuarto LP, y que en mi opinión sólo lograrán impresionarnos (como otrora lo hicieran en “All’s well that ends well” y “Bone Palace Ballet”) si dejan de lado sus diferencias y se entregan otra vez a la búsqueda de la innovación y la experimentación. Estamos ansiosos de ver con qué nos sorprende el grupo Chiodos (ahora más Chiodos que en todos estos años), pero también nos da miedo, nos enerva la idea de que quizás a Craig y “el resto” se le han acabado las ideas (cosa que ya nos han demostrado), pero a la vez pensamos que juntos jamás la han pifiado.

Por ello desde aquí les deseamos suerte a los hermanos Chiodos.

Put’em where the wind blows…

La banda de rock inglesa Queen dejó huella, eso es algo que no se puede negar; un estilo propio, un ineludible afán por reinventarse y unas voces y coros fuera de lo normal son sólo algunos de los motivos por los que Freddy Mercury, Brian May, Roger Taylor y John Deacon pasaron a la historia. Resulta verdaderamente difícil insacular alguna de las canciones de entre todos sus éxitos como la mejor (“Another one bites the dust”, “Bicycle race”, “We  are the champions”, etc), por ello me limitaré a la más sencilla aunque aun así compleja tarea de extraer uno de sus discos como el mejor de todos, recomendarlo y dar mi opinión sobre él: bien, ese es sin duda “A night at the Opera”.

Grabado en 1975, este trabajo supuso a la banda la transición de “pequeño grupo de prometedor futuro”  a “archiconocidos maestros del rock”. Esto no habría sido así si no hubieran cambiado de representante, pues mientras el antiguo, Norman Sheffield, los coartaba, el nuevo, John Reid, no sólo les permitió experimentar con lo que quisieran, sino que costeó unos estudios de altísima calidad para grabar de la mejor forma posible el álbum.

Se sabe, pues, que cuando Freddy pergeñó la primera canción del disco, “Death on two legs (Dedicated to…)”, lo hizo con la mayor mala baba que pudo, pensando en Sheffield (quien más tarde impondría una demanda contra Queen anulada porque no iba dirigida a él explícitamente); es, por tanto, esta canción introductoria, además de un tema pegadizo con un solo sin igual, el tema más cruento de todos los que se escribieron.

Y de ésta pasamos a “Lazing on a Sunday afternoon”. Aun durando 1:07 y siendo la canción más corta del grupo, no deja de impresionarme, pues el virtuosismo del piano, su letra y la voz distorsionada de Mercury (la cantó introduciendo la boca en un tarro) la convierten en un tema alegre, cercano al cabaret y por ello rítmico y sensacional.

“I´m in love with my car”, de Taylor, es una canción muy marchosa que habla de la obsesión del baterista por los coches. Cuando acaba el tema, se puede escuchar el sonido del Alfa Romeo de Roger.

“You´re my best friend” es de John Deacon y está dirigida a Verónica, la que por aquellos tiempos acababa de convertirse en su esposa. El teclado eléctrico (tocado por Deacon, no por Mercury) tiene un papel, si bien simple, también imprescindible. Fue el primer single del disco, debido a que pasa por ser una de las canciones más pegadizas de Queen.

“’39” y “Sweet Lady” son un tema flok y uno puramente rockero, respectivamente. Ambas son de May, y a pesar de pasar desapercibidas ante el resto de la genialidad del trabajo de “A night at the Opera”, no dejan de ser brillantes.

“Seaside rendezvous” es de mis favoritas. Se trata de un alegre foxtrot al estilo de los años 20. Hay una parte instrumental que suena como a mirlitones, aunque realmente fueron Freddy y Roger los que produjeron esos sonidos vocalmente. Me parece, por esto, de gran mérito, de un ingenio desbocado y de un ritmo de piano simplemente magistral.

Respecto a “The Prophet’s Song”, es una de las canciones más progresivas de Queen (incluso se dice que fue la primera canción de Power Metal), escrita por May sobre un sueño que tuvo. Dura más de ocho minutos, y llegados a cierto punto, Freddy hace unas voces superpuestas a capela hechizantes que dan paso a un solo épico. El mismo vocalista dijo que hasta el momento, ese había sido el tema más contundente de la banda.

“Love of my life” es un tema algo meloso de Freddy que incluye piano y arpa, y “Good company” fue escrita, cantada y tocada con un Ukelele por May; es tan o más alegre que “Lazing on…”

Y para acabar por todo lo alto, a Mercury no se le ocurrió cosa mejor que una rapsodia operística -está claro que no se le puede acusar de hacer siempre lo mismo, de atarse a los cánones-. Se titula “Bohemian Rhapsody” y si no la conoces, es que no sabes nada sobre música. Bien, esta canción daría tanto que hablar (como que por ejemplo le pertenece a ella el primer videoclip de la historia) que más me vale ser breve por falta de tiempo, así que sólo diré que únicamente un grupo como Queen podría haber grabado esta canción (la que primeramente fue concebida como broma, aunque luego rompió con todos récords de ventas de Gran Bretaña). Esta canción se convirtió en los 6:00 ‘ más famosos del mundo entero, así que me limitaré a dejar un enlace a la misma y dar por finalizado así el post:

http://www.youtube.com/watch?v=fJ9rUzIMcZQ&ob=av3e

Para descargar la discografía de Queen (666 MB): http://www.fileserve.com/file/p9QmyGp

You cannot sedate all the things you hate!

Marilyn Manson está olvidado: eso es una verdad innegable. Podemos encontrar conmiseración, sin embargo, al recordar a solaz los discos de sus principios: “Antichrist Superstar”, “The golden age of grotesque” o “Smells like children”; siempre ha sido abundante en canciones estrafalarias o con ritmo endiablado como “Wormboy”, “Doll-Dagga Buzz-Buzz Ziggety-Zag”, “Fuck Frankie”, “Shitty Chicken Gang Bang”, “(s)Aint”,etc. No obstante, cuando se trata de recordar el lado más creativo, más bizarro de MM, siempre me inclino por su primer álbum: “Portrait of an american family”. Así pues, creo un trabajo tan infernalmente ignorado debe ser mencionado solamente en algún lugar también infernalmente ignorado, como es este blog.

En fin, el disco ya comienza con un preludio que me vuelve loco, “The family trip”, basado en la novela de Roald Dahl “Charlie y la fábrica de chocolate”. Dicho preludio consiste en Marilyn Manson repitiendo unas frases de Willy Wonka, pero con su voz siniestra y acompañado de efectos, coros pandemoníacos y juraría que incluso sintetizadores. Acaba con la frase “Stop the boat”, que nos revela que la parte de la novela escogida es cuando los visitantes de la fábrica y el inolvidable chocolatero se introducen por el túnel oscuro.

Tras esta magnifica introducción, llega la canción “Cake and sodomy”, inspirada en una porno -no sabemos cuál, sólo que debía de incluir semen en cantidades pantagruélicas, por aquello de “white trash get down on your knees, time for cake and sodomy”-; los coros radican en orgasmos, o al menos, voces femeninas que lo parecen.

Lo que más me fascina de “Lucnbox” es sin duda su videoclip: difíciles de olvidar ese Manson tan yonki y ese Twiggy Ramírez tan andrógino y ambiguo (vedlo aquí); desde entonces se podían intuir las pretensiones estéticas del grupo. La canción viene inspirada en un hecho de la infancia del cantante, cuando golpeó con su lonchera a unos abusones. Sin embargo, y aunque me guste la canción, creo que en este disco hay muchas mejores.

Como, verbigracia, “Organ Grinder”. Poco que decir al respecto de esta canción, salvo que me encanta el sonido del órgano, que al pensar en la letra se me antoja la pedofilia -“what i want, is just your children…calliopenis envy from your daddy”- y que es tan o más sucia que “Cake and sodomy”.

“Cyclops” comienza referenciando a “Poltergeist II”, pero mejor hablemos de “Dope hat”, mi predilecta. Esta canción, a mi juicio, posee el ritmo más pegadizo del disco -me atreveria a decir casi de todos los discos de Mason-, con ese ambiente carnavalesco/burlesco, esa letra ambientada en las drogas y ese videoclip que nos lanza a una fábrica de chocolate en la que los niños están amordazados -pues a Manson le encanta asustar a los niños-, en la que los Oompa Loompas son unos bebedores y pervertidos, y en la que la ambiguedad de Twiggy Ramirez se acrecienta y se enarbola cuando Manson le besa ante unas letras que dicen “Boys taste like boys”.

Como “Get your gunn” no me llama tanto, me limitaré a copiar la wikipedia, fuente global de información y faltas ortográficas: “El tema «Get Your Gunn», estuvo enfocado sobre el suicidio de Budd Dwyer, un político estadounidense que se suicidó mientras concedía una conferencia de prensa televisada en vivo. La banda estadounidense de metal industrial Nocturne realizó una versión de esta canción”. Parece interesante, supongo.

“Wrapped in plastic” alude a “Twin Peaks” de David Lynch. En cuanto a “Dogma”, está inspirada en nada menos que “Pink Flamingos” de John Waters -que se merecerá una entrada junto al resto de la Trash trilogy dentro de poco-, cuando uno de los personajes grita “Burn, you fucker!” y acto seguido prende fuego a un remolque. La canción incluye gritos del cantante que parecen salir del mismísimo infierno.

“Sweet tooth” y “Snake eyes and sissies” parecen ofrecer más de lo mismo -en todo disco hay canciones de relleno-, en cambio “My monkey” está grabada con una voz de pito y recoge fragmentos de una entrevista que le hicieron a Charles Manson: “Sanity is a little box…makes you…breaks you…” Tiene una letra, por lo demás, absurda.

Por último, “Misery machine” es otra de mis favoritas. La guitarra me priva, la letra me priva, y además tiene ese imprevisible guiño a un soberbio tema de The playmates, “Beep, beep“, que introducen ralentizado para teñirlo de un tono parsimonioso y decadente, no tan ágil como el original. Al final de esta canción, a modo de guinda del pastel que conforma el maravilloso trabajo y tras medio minuto de silencio, se puede escuchar un extracto de diálogo de Mink Stole en “Desperate living”, igualmente de John Waters.

…TELL YOUR MOTHER I HATE HER!! TELL YOUR MOTHER I HATE YOU!!

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La “(des)evolución” de Alesana.

Alesana es un grupo de post-hardcore surgido en Raleigh en 2004. Sus actuales integrantes son Dennis Lee (voz), Shawn Milke (voz, guitarra, teclados), Patrick Thompson (guitarra), Shane Crump (bajo), Jeremy Bryan (batería) y Alex Torres (guitarra). La diferencia que presenta con respecto al resto de bandas del mismo estilo es que se inspira siempre en la literatura para sus letras, lo que lo hace verdaderamente interesante, y que nos sorprende con contrastes de alaridos desgarradores y melodías lentas sin ton ni son cuando menos nos lo esperamos. No obstante, en los últimos años el grupo nos ha defraudado a los fans con su último disco, que trataremos más tarde, por lo que a continuación hablaremos de la desevolución de Alesana.

La banda se formó en Baltimore (ciudad de Edgar Allan Poe, de John Waters, Divine y los Dreamlanders…), en la calle Aliceanna (de ahí el nombre), donde Shawn y Patrick ensayaban. Más tarde se les unieron Dennis, Daniel Magnuson, Steven Tomany y Adam Ferguson. Poco después, bajo el sello Tragic Hero Records, lanzaron su primer EP, “Try this with your eyes closed”.

Este EP supuso el primer pequeño éxito de la banda, pues consiguió relevantes ventas vía internet, lo que la posibilitó para hacer llegar el disco a lugares del mundo tan alejados como Australia o Europa. Dicho EP contó con canciones tan maravillosamente compuestas como “Apology” (mi debilidad), “And they call this tragedy”, “Beautiful in blue”, o tan metaleras como “Red and dying evening”, “Congratulations, I hate you” o “Endings without stories” entre otras; la lista se finalizó con “Early mourning”, un tema de piano con una letra bastante melosa pero poseedor de una melodía, a nuestro parecer, cautivadora. Varias de estas canciones serían posteriormente reeditadas y relanzadas en trabajos ulteriores.


Y así llegamos a “On frail wings of vanity and wax”, indudablemente la mejor obra de Alesana, inspirada manifiestamente en la mitología grecorromana. Este disco comienza con una breve intro realizada a gritos entre Shawn, Dennis y algún que otro integrante de la banda, además de los coros de Melissa Milke, hermana del vocalista. Tras esto, la primera canción en mayúsculas es “Ambrosia”, un tema inspirado en el mito del Rey Midas, al que más tarde le harían un videoclip bastante bueno. “On frail wings…” contiene canciones tan cañeras como “Pathetic, ordinary” (que me encanta), “Daggers speak louder than words”, “Nero’s Decay” (inspirada en el incendio de Roma provocado por el Emperador Nerón), tan estridentes como “Alchemy sounded good at the time” o “Tilting the hourglass” o con unas letras tan bien escritas como “Last three letters”, “The third temptation of Paris” (maravillosa canción de piano basada en la Guerra de Troya, con Shawn y Melissa Milke y otros vocalistas invitados) o “This conversation is over”. Asimismo, se reeditaron tres temas del EP: “Apology”, “Congratulations, I hate you” y “Early mourning”, además del remix acústico de “Apology” que incluyeron en el relanzamiento del disco por Fearless Records, en 2007. Este disco es sin duda la culminación del grupo, su opera prima.


El segundo álbum de estudio fue “Where myth fades to legend”, influenciado esta vez por los cuentos de hadas de los hermanos Grimm (aunque alterados con un estilo algo cruento y cáustico). Si bien con “On frail wings…” dejaron el pabellón bien alto, este trabajo no se queda atrás de ninguna forma; representa lo visto anteriormente (claros contrastes melódicos, letras poéticas, guturales a diestro y siniestro…) pero aún más heavy, más hardcore, más screamo -aunque Alesana nunca ha sido realmente screamo, pues los grupos screamo como SAETIA, que se merecerá un post pronto, son my diferentes-. Canciones que destacan de “Where myth fades to legend” son “A most profound quiet”, “The uninvited thirteenth” (con unas guturales flipantes) o las reediciones de “And they call this tragedy” (canción que ya era fantástica en el EP y que en este disco es aún mejor, con ese final consistente en gritos a capela de Shawn), “Red and dying evening” y “Endings without stories”. También incluye otra canción de piano, “As you wish”, que resulta melosa se la mire por donde se la mire. El disco finaliza con la canción “Obsession is such an ugly word”, soberbio tema que a partir de los dos o tres minutos torna en un pandemónium de alaridos guturales realizados por todos los integrantes de la banda. Asimismo, se produjeron cambios en sus integrantes, pues el bajista se cambió por Shane Crump y el batería por Steven Tomany. Por último en lo tocante a este disco, mencionaré -y sólo mencionaré- que se hizo un “videoclip” de la canción “Seduction”, del que no hablaré porque no encuentro improperios lo suficientemente vejatorios y peyorativos para él.

Con “The emptiness”, el tercer álbum, se hace notable la desevolución de la que hablé anteriormente. A pesar de que se trata de un disco conceptual unificado por una narración que se incluye en el cd original y que está inspirada en el último poema que escribió en vida Edgar Allan Poe (“Annabel Lee”), es un trabajo bastante más deficiente que sus predecesores, y que nada en absoluto tiene que ver con el susodicho poema salvo el detalle de nombrar a una de las canciones (una mala canción) con el último verso del tal (se trata de “In her tomb by the sounding sea”). La historia nos cuenta cómo un artista, el prota, se levanta por la mañana y se lleva la sorpresa matutina de que su amada Annabel Lee está muerta a su lado, en la cama. Poco después la trama se retuerce como una columna salomónica hasta llegar a un final impactante, que no desvelaremos porque no nos gustan los spoilers. Para este disco dejaron ir a Adam Ferguson (guitarrista sin igual que también hacía voces) y tomaron a Jake Campbell. Respecto a las canciones, yo diría que las mejores son “Curse of the virgin canvas” (la primera, en la que se dice la famosa frase “the emptiness will haunt you”), “The murderer”, “Hymn for the shameless” (mi predilecta del disco) y quizá también “Heavy hangs the albatross” y “Annabel”; otras canciones, sin embargo, son evidentemente de relleno, como “A lunatic’s lament”, “The artist”, “To be scared by an owl” o “In her tomb by the sounding sea”. Las letras, empero, de “The emptiness”, suponen el paso de la crueldad y el sadismo anteriormente mencionados a la melosidad y el romanticismo (pero no el Romanticismo de Poe, Bierce o Stoker, sino más bien el de Paulo Coelho) que se hacen ya patentes en su último trabajo. También filmaron un videoclip de la canción “The thespian” (una canción no demasiado descartable, teniendo en cuenta el resto), en el que aparecían Shawn Milke como el artista, Dennis Lee como el asesino y una deslumbrante Melissa Milke como Annabel; resulta muy loable, creemos, el hecho de que grabaran un videoclip tan original y estéticamente currado teniendo en cuenta que la historia no era gran cosa y que contaban con un presupuesto escueto.

Por último “A place where the sun is silent”, el cuarto álbum de estudio de Alesana. El nuevo integrante aquí es Alex Torres, en sustitución de Jake Campbell, antiguo guitarrista que a su vez sustituía a Adam Ferguson, (guitarrista magnífico, repito). En cuanto a este disco, la verdad es que no sé ni por dónde empezar. En primer lugar, es un álbum conceptual inspirado en la primera parte de la Divina Comedia de Dante Alighieri, el Infierno. Presumo que éste es el punto clave en el que se produce la desevolución del grupo. El disco contiene una cantidad muchísimo menor (prácticamente ínfima) de gritos y guturales (pues está claro que Shawn Milke quiere deshacerse de Dennis Lee para liderar él solito el grupo, y vaticinamos que al cronopio de Dennis le ocurrirá con Alesana lo mismito que a Craig Owens con “Chiodos”: que le echarán  de mala manera y formará una nueva banda, sólo que se llamará “Meridian”, como pone en sus nudillos, en lugar de “D.R.U.G.S.), una melodía más suave, rozando el pop (por favor, ¡¿es esto lo que le espera al grupo?!) y unas letras tipo: “estoy enamorado de ti/ no me dejes/ el infierno es horrible sin ti/ blablablánoshemosacomodadoenlacomercialidadyyanosabemoscomponerblablablá” (sé que esto parece algo cruel para con los fans que puedan leer esto, pero creedme cuando os digo que me duele más escribirlo a mí, que soy fan de sus primeros discos, que a vosotros leerlo). Si podemos decir algo bueno, es que la canción de piano “Vestige” es buena, que la canción “The best laid plans of mice and marionettes”, aunque inaguantablemente repetitiva, es buena, y que la idea de usar versos de Dante en el original italiano, aunque abusen de ella (pues abusan ad nauseam, lo que muestra un atrofiado sentido de la originalidad), es buena. Aun así se pueden encontrar algunas guturales de Dennis, perdidas por el final de las canciones, que nos recuerdan a los buenos tiempos de Alesana; estas partes se encuentran en “The fiend”, “Welcome to the Vanity Faire” y “A forbidden dance”. Es también digno de mención el que se trate de un disco precuela del anterior, pues como nos dicen y vemos en el libreto original, la última canción “And now for the final illusion”, termina donde comienza “The emptiness” con “Curse of the virgin canvas”. Tras esto, el resto del disco es pura basura pop, como comprobamos con canciones como “Beyond the sacred glass”, “A gilded masquerade”, “Lullaby of the crucufied” y un largo etcétera que obviaremos por la falta de espacio y tiempo.

Sólo nos resta, pues, esperar a que el grupo recobre la cordura post-hardcore, se remonte a sus principios y reniegue de este nuevo estilo “pop-hardcore” (¿?) que no entiendo de dónde habrá salido. Si no, nadie los escuchará. O al menos yo, NO.

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