Poslední trik pana Švankmajera (o ‘Por qué cada vez que publico algo sobre Švankmajer tengo que poner el título en checo’)

Unas imágenes del libro de 12 páginas para japón ‘Touch & Imagination’ del gran Švankmajer. Porque no sólo los nipones merecen disfrutarlo:

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El segundo por la derecha: ‘Andrógino, 1990’

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Imágenes del ‘Faust’

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Imágenes de ‘Otesanek’.

Y para acabar, unos enlaces para ver el cortometraje de 2005 de Václav Švankmajer, Svetlonos:

1ª parte.

2ª parte.

¡Y a pasarlo bien!

5 buenas razones por las que “Na půdě aneb Kdo má dneska narozeniny?” vence por goleada a “Toy story”.

Na půdě aneb Kdo má dneska narozeniny?  (AKA “In the Attic, or who has a birthday today?” y en adelante sólo “In the attic”) es una coproducción checo-japonesa-eslovaca dirigida por el maestro Jiri Barta que anteriormente nos robara el corazón con obras como Krysař, esa sombría y extraña versión del flautista de Hamelín. Su última película, si bien a priori parece tener muchas semejanzas con Toy story (no me puedo creer que vaya a escribir dos posts seguidos sobre la malévola e infatuada compañía Disney), son más relevantes, son más interesantes sus diferencias.

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Y allá vamos:

-Los antecedentes: mientras Disney no cuenta más que con obras ñoñas, mainstream (léase: con final feliz e idealizado pase lo que pase) y con una trama basada en valores humanos que siempre son los mismos y se cuentan de la misma forma (“Bichos” y la camaradería, las películas de princesas y el amor verdadero…), Jiri Barta tiene tras de sí un largo historial de cortometrajes experimentales (“Diskjockey” y sus cambiantes situaciones manejadas con aparente arbitrio), novedosos, originales, curiosos (“The club of the laid off” con los maniquíes fornicando y fumando porros de serrín) y cautivadores (“A ballad about green wood”).

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.-La animación: mientras “Toy Story” no es más que animación por ordenador vista ya mil millones de veces, “In the attic” es stop motion checo, es decir, stop motion manteca, laborioso claymation en ocasiones, incluso, del que, aunque la historia sea un banal zurullo de cebra (no es el caso aquí, aunque parezca a priori), te quedas viendo la peli hasta el final, perplejo, alelado, hipnotizado porque lo que estás viendo parece tan real como la vida misma. Situaciones ingeniosas y artefactos a partir de objetos cotidianos, etc. Invita a la reflexión, creo, el hecho de que las películas de Disney sean archiconocidas por todo el globo siendo lo que son, y que a Jiri Barta sólo lo conozcan en el “cine de culto” siendo lo que es.

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Y es que si a Jiri Barta se le plantea el problema de no disponer de la tecnología suficiente para llevar a cabo su obra, busca inmediatamente una alternativa “casera y artesanal” e igual o más efectiva que la primera baza; verbigracia, hay un momento en que el malo malote del film intenta ahogar a los héroes en aguas negras: esas aguas son bolsas de basura animadas moviéndose a la velocidad de los rápidos o las cascadas; otros ejemplos son el monstruo-futón, o el teléfono que no es más que dos cacerolas unidas por un cable.

No en vano Peter Debruge hizo en Variety lo mismito que estoy haciendo yo aquí: comparar Toy Story con In the attic. Al respecto escribió: “despite their inflexible faces, Barta conceives all sorts of inventive ways to bring these inanimate objects to life. […] Should a given shot prove too tricky to accomplish practically, Barta has no qualms about using digital compositing to blend multiple stop-motion plates. Though rudimentary, fire and water effects are especially effective.

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-La trama: volvemos a lo dicho en el punto 1º. “Toy story”, al igual que sus predecesoras, no es más que otra película Disney en la que unos personajes cuyo físico contrasta con su personalidad (Rex, el dinosaurio miedoso; Buzz, el muñeco que se cree un astronauta/superhéroe cuando no es más que un muñeco, etc) aprenden una valiosa lección sobre la amistad y todo eso, a partir de una trama idealizada en la que se propone un problema u objetivo, se encuentra una solución y todos felices. Barta en cambio nos propone una historia más (sur)realista (si fuera verdad que los muñecos cobran vida en un gigantesco desván, ¿no sería lógico que le tuvieran pavor a los humanos, como seres poderosos que son, en lugar de tomarlos como amigos y compadres como hace Disney? Pero es verdad, en Disney no hay miedo, no hay peligro, y si lo llega a haber, desaparecerá pronto para convertirse en un arcoiris de bondad, amistad, amor y confeti) en la que un ser maligno que sólo tiene un brazo y una cabeza (y parece estar hecho con barro, al estilo del Faust del gran Svankmajer), secuestra con la ayuda de su ejército de bichos y engendros a una muñeca bonita y delicada (Flora) y sus amigos tienen que cruzar el peligroso desván para rescatarla. Barta no se centra tanto en presentar valores morales, sino que más bien crea una trama como cualquier otra y deja que ese valor moral se sugiera solo, sin soliloquios internos ni ambages, sino mediante las acciones puras y duras de unos personajes con perfiles psicológicos como los de cualquier persona real.

-Los personajes: claramente no hay color. Los personajes de Toy Story son descaradamente carismáticos y moralistas; en exceso, y ahí reside el problema, por culpa de eso no nos podemos encariñar con ellos; son demasiado buenos; no son como nosotros; no son realistas. Por contrapartida, en In the attic nos encontramos con personajes más humanos, más ingeniosos: un señor patata que no está hecho de plástico sino de plastilina; un oso de peluche de carácter pacífico y sereno; un caballero andante de madera roída y sucia y aspecto bohemio, que usa un lápiz afilado como espada (este último, por cierto, me recordó bastante a los maniquíes del corto del mismo Barta “The club of the laid off“, o a un Quijote a la checa). Con estos personajes es muy difícil no encariñarse.

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-El público: probablemente esta diferencia es la causa de casi todas las demás. Toy Story, y Disney en general, está dirigido sobre todo a los niños, y pocos adultos encontrarán solaz en sus películas. En cambio, y como bien dijo Debruge, “For all its charms, In the Attic feels vaguely sinister and may prove too intense for younger kids – a testament to the film’s pacing and score, as well as how deeply auds emotionally connect with these occasionally macabre toy characters.” En esencia, que In the attic es “vagamente siniestro”  y en muchos momentos se vuelve demasiado intenso para los niños. Es, pues, una película más para adultos que aún se sienten un poco niños que para niños que quieren hacerse pasar por adultos. Esto se nota a veces en el guión, o en el ejército de bichos tan “asquerosito” y realista, o en la crueldad e insensibilidad que demuestra el villano en todo momento, o en la forma en que tratan a Flora cuando la secuestran, obligándola a limpiar una habitación que se va llenando a cada instante de más y más hollín, en plan castigo-interminable-típico-olímpico cual Sísifo. Creo que este tipo de cosas son las que demuestran que este largo va dirigido a un público algo más maduro.

Y creo que ya está. Creo que es suficiente. Invito a visionarla y a comparar ese estilo “artesanal” de Barta con las superproducciones norteamericanas. Más de uno podrá llevarse una sorpresa con esta joya infravalorada.

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Contraste, tetas y satanismo cuando Disney aún valía la pena (es decir, hace ya como tres cuartos de siglo).

Voy a hacer algo horrible y fuera de lugar, algo desconsiderado, deplorable y, a priori, para nada propio de una persona racional y con buen gusto. De hecho, me odio tanto desde que esa idea empezó a rondar mi cabeza que en cuanto lo haga, me fustigaré diez veces por cada palabra que conste en este post. Lo que voy a hacer, dentro de un par de párrafos, o quizás tres, es comparar (sic) una de las partes de “Fantasía” de Disney con “Kanashimi no Beradonna” de Eiichi Yamamoto.

La película de 1940 (¿alguien es tan viejo como para poder recordar a Disney cuando sólo era un estudio de animación lleno de melosas y ñoñas esperanzas, tipo Ghibli occidental pero exento de ingenio, antes de convertirse en la patrocinadora oficial de estúpidos niñatos que cantan pop del malo durante un año o dos, y luego son totalmente olvidados?) está dividida en ocho segmentos bien diferenciados, interpretando y animando cada uno de ellos sendas obras de compositores clásicos, como Tchaikovski o Beethoven. Bien, pero sinteticemos rápidamente: lo mejor que se puede hacer con la primera hora y media de “Fantasía” es no verla; lo más sensato es saltarse los seis primeros segmentos (con perdón, quizás, de “Tocata y fuga en Re menor”, el primero) y pasar directamente a la Manteca, esto es, a los dos últimos: “Una noche en el Monte Pelado” y “Ave María”.

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“Una noche en el Monte Pelado” no sólo no es tediosa ni melosa como el resto de segmentos, sino que, al contrario, es una pieza magistralmente trazada y pergeñada, cuidadosamente pintada al carboncillo y que poco tiene que envidiar a las obras de Collins, Mulloys o Plymptons. Está basada en un poema del compositor Modest Músorgski, con música de su compañero Nikolái Rimski-Kórsakov. Comienza con la imagen del monte antes citado, en tonos fríos y con claras ondulaciones en el cielo que vaticinan las fuertes corrientes de viento creadas por el protagonista. Este monte entonces se convierte, así de sopetón, en Chernabog (una negra deidad eslava equivalente a Satanás), y éste, mediante unas sombras que proyectan sus manos, inunda a un pueblo entero en tinieblas y  hace salir a las almas de los difuntos del lugar de los cementerios, de los cadalsos, del agua, etc; algunas van sobre caballos, otras sobre escobas, otras llevan capucha y otras son simplemente esqueletos voladores, unas son blancas y otras negras, pero siempre estilizadas y alargadas, y a menudo antitéticas y contrastadas unas con otras (almas flexibles seguidas de otras con escasa movilidad, y por supuesto ese momento en que, durante pocos segundos, se invierte varias veces y rápidamente el color blanco y negro de las almas), pero luego profundizaremos en el contraste.

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Entonces, seguimos, las almas se dejan llevar por las corrientes y son atraídas hasta el demonio, y éste levanta sus manos (en este instante, vistas de lejos, las almas parecen un ruidoso enjambre de abejas) y provoca una llamarada de fuego que lo cubre todo. Estamos ahora contemplando a unos pequeños diablillos, algo zoomorfos, danzando en una especie de aquelarre de forma sectaria;  Chernabog  despliega sus manos y atrapa a varios de esos diablillos, les esboza una siniestra sonrisa y, acto seguido, los lanza a las llamas a su suerte, tornando esta sonrisa en cruel repugnancia.

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Y es en ese momento, justo en ese momento, cuando empieza la Manteca dentro de la Manteca (para los que no estén familiarizados con el término “Manteca”, queremos decir “lo mejor dentro de lo mejor” de la película, aunque repetimos otra vez que a nuestro parecer “Una noche en el Monte Pelado” no sólo es brillante y lo mejor de Fantasía, sino también la única parte pasable), cuando comienza el contraste de colores y formas que nos lleva a decir que no hay otra obra que nos recuerde a “Una noche en el MP”, que “Kanashimi no Beradonna” (Belladonna of sadness), por la continua sucesión de bestias que no dejan al ojo descansar un segundo solo, por la transformación ininterrumpida, y además, porque ambas obras tratan sobre el satanismo; pero no hay otra obra en el mundo que trate el sexo de una forma tan simbólica, tan artística, como ésta (Belladonna), y eso la eleva a la máxima potencia, infinitamente lejos de “Fantasía”… y no vamos a empezar a dar nuestras opiniones sobre la película porque necesitaríamos varios posts sólo para ella, y además, hay un  exhaustivo post sobre ella en el fantástico blog de animación esperantoapaulpot, cuyo enlace está a la derecha, al que no creemos que se pueda añadir nada.  Vamos a ir un poco más allá en esto del contraste de “Una noche en el MP”; dos cosas:

Primera cosa: el color. El contraste en el color (suponemos que como elemento sorpresivo que viene a desdramatizar un poco, a volverlo todo aún más convulso) es más que evidente. Justo después de lanzar a aquellos diablillos a su perdición, no hay una escena en que se puedan percibir menos de tres colores: unos demonios azules, otros rojos, y de pronto el humo verde; y luego en el momento arpía, y el vórtice, y las formas de mujer en las ondulaciones del fuego, que primero es violeta y azul, luego verde y naranja… cada escena, cada segundo a partir de aquí, es un deleite visual, una recreación continua.

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Segunda cosa: las formas. El contraste en las formas no es quizá tan evidente, o al menos creemos que no llama tanto la atención, al quedar eclipsado por el descarado contraste cromático, pero también ejerce un papel fundamental:  acompaña al continuo movimiento provocado por nuestro protagonista , lo acrecienta, se regocija en él. Mientras el fuego y el vórtice representan líneas curvas y cálidas, los demonios, las manos de Chernabog (y sus cuernos, sus dientes) son líneas rectas y bien perfiladas. Esto, unido a la celeridad de la obra y a su ininterrumpida metamorfosis (compárese con “Malice in Wonderland”, de Vince Collins.) crea la confusión y el caos que necesita, y que debe transmitir, la obra. Pues sin ese caos, el octavo segmento no tendría sentido ni fundamento.

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Bien, agotado ya el tema del contraste, vamos con otras cosas. Nos quedamos con dos grandes momentos para la memoria: (1) cuando Chernabog tiene unas llamas reposando en la palma de su mano, y con la otra, las aviva, literalmente porque las llamas adquieren forma de mujer y bailan lenta y sicalípticamente en su mano. Esto dura bien poco, pues el Diablo pronto se harta y las convierte en un cerdo, una cabra y un lobo (el cerdo terriblemente obeso, el lobo casi en los huesos, por eso del contraste en las formas). Y (2) por supuesto el momento “arpías”. Jamás creí que vería un buen par de peras, con sus pezones y todo, en Disney. Pero no sólo por eso, sino porque es, ya muy cerca del final, el clímax total de la obra, la cresta de la ola, en la que el contraste (palabra comodín de este post, repetida hasta más allá de la saciedad) toca cima en todas sus perspectivas. Simplemente subyugante.

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En cuanto a “Ave María”, no me entretendré lo más mínimo: es la calma tras la tormenta, la justificación a tanto caos. Lo de siempre: la sempiterna batalla entre la luz y la oscuridad en la que, en este mundo Disney/mainstream, tiene que ganar la luz sí o sí.

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Poco más puedo decir. Que nunca creí que vería tetas y animación de Disney que me sedujera de verdad hasta que hace poco, por curiosidad y de casualidad, me vi ésta. Aun así es realmente triste que Disney comenzara tan bien y con tantas esperanzas y que se haya convertido en lo que es hoy. Es trágico, mucho más que las historias que ellos mismos cuentan.

Pero bueno, siempre que ganen dinero, a ellos poco les importará, ¿no?

 

 

…bueno, si no me fallan las cuentas, creo que son 13060. Vamos allá.

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Dos películas habré visto en mi vida invertidas cronológicamente: “Irreversible” y, en una medida mucho más amplia y general, “Happy end” del checo  Oldřich Lipský; la primera me pareció el largometraje más innecesariamente violento que jamás me había echado en cara, la segunda, el mayor derroche de ingenio y oportunismo jamás visto, y además sin precedentes (que yo recuerde).

Pues la película en cuestión no se limita a colocar las escenas en orden inverso, sino que está literalmente del revés (las personas caminan hacia atrás, las muertes son “nacimientos”, la comida no se come, se devuelve, etc). A priori parece un proyecto descabellado y absurdo, pero sólo la mente del autor de “Limonadovy Joe” y “Nick Carter in Prague” podría haberle sacado tanto partido a la idea y haberla llevado a cabo prácticamente sin fallos (el momento del tren…).

Pero es que además, tenemos la voz en off del protagonista que nos cuenta lo que piensa, lo que opina sobre los sucesos que tienen lugar a su alrededor, tal y como nosotros los vemos, es decir, del revés. Tenemos así, obviamente, dos historias completamente distintas: la historia real, sólo que al revés, y la historia resultante de contarla al revés. Procederé así a hacer una breve sinopsis de ambas (se recomienda no leerla a interesados que aún no la hayan visto, contiene spoilers):

-La historia original:

1.-Un hombre felizmente casado, llamado Bedřich (Béda), salva un día a una damisela que se encuentra en un edificio en llamas.

2.-La joven, virgen y bella, se enamora de él y tienen una cita en su casa.

3.-Llega la esposa, discuten.

4.-La joven intenta suicidarse en numerosas ocasiones, pero Béda lo evita.

5.-Aunque los padres de ella no lo aceptan, nuestro protagonista comienza a salir con la damisela y le pide el matrimonio.

6.-Se casan; en un escaparate cercano, el marido ve a su ex-mujer.

7.-Tras la ceremonia, ella pierde la virginidad en la noche de bodas.

8.-En la luna de miel, Béda salva a un joven de ahogarse, e inmediatamente el joven empieza a insinuársele a su mujer.

9.-El prota, de profesión carnicero, espía a su mujer y descubre que ha planeado varias citas con el joven.

10.-Un día, llega antes a casa y descubre que su mujer está allí con el amante.

11.-Tras una pelea que acaba destrozando la habitación, lanza al amante por la ventana y da muerte a su esposa con un puñal directo al pecho.

12.-Descuartiza a su esposa muerta en el baño y la guarda en una maleta.

13.-De camino al lugar donde se desharía de la maleta, lo detiene la policía.

14.-Le condenan a muerte y, tras un breve periodo en prisión, le guillotinan.

15.-La cabeza cae rodando, y FIN.

-La historia resultante al contarla al revés:

1.-Béda nace siendo sólo una cabeza.

2.-Rueda hasta su cuerpo, y le llevan a la cárcel, donde será instruido.

3.-Tras un breve periodo de tiempo, le sacan de allí y le dan una maleta que contiene a su futura esposa, aún sin ensamblar.

4.-Él llega a su casa y monta a su mujer (al son de la soberbia “The thieving Magpie”, de Rossini).

5.-La acciona asestándole una puñalada en el pecho.

6.-Entonces, su amante llega “con la insolencia que le caracteriza” volando por la ventana.

7.-Béda obliga al amante de su mujer a que le ayude a ordenar la habitación.

8.-Tras una violenta discusión (cuyos asertos, por supuesto, han sido invertidos cronológicamente), los adúlteros echan de la casa al carnicero.

9.-Él la espía y descubre que sigue teniendo citas con su amante.

10.-Un día en la playa, ante un público que no hace más que aplaudirle, lleva al amante de su mujer hasta el mar y allí lo ahoga.

11.-Béda le devuelve la virginidade a su mujer.

12.-Se divorcia de su mujer, se la devuelve a la familia a la que pertenecía, y se enamora de otra mujer a la que echa el ojo en un escaparate.

13.-Intenta deshacerse de su antigua mujer en numerosas ocasiones, pero le resulta imposible.

14.-Intenta matarla, pero le resulta imposible.

15.-Finalmente, la lleva a un edificio en llamas y allí la deposita para no volver a verla. Pasará el resto de su vida con su nueva (¿o antigua?) esposa.

Lo dicho: imprescindible, disparatada, ingeniosa…

Sólo me resta dejar los enlaces (de Mi ser en celuloide, un blog de corta vida que prometía mucho):

PD. Los subtítulos dejan mucho que desear.

Los surferos católicos contra el desmadre sexual.

La historia del cine está llena de títulos inolvidables, de películas sobre naves espaciales con efectos especiales de aúpa, o consistentes en baños de sangre, o con guiones que te hacen reflexionar sobre lo dura o maravillosa que es la vida; cada película fue introducida en un género cinematográfico: así, a las películas inolvidables se las llamó clásicos (“Tiburón”, “Un tranvía llamado deseo”, “Bailando con lobos”, etc), a las películas con efectos especiales carísimos, ciencia-ficción (“Star Wars”, “La guerra de los mundos”…), los baños de sangre fueron calificados como gore (nunca sabremos qué película es más ducha en este género, “Brain dead”, la que consideramos la mejor peli de zombis jamás filmada, o “Tokyo Gore Police”), las películas con guiones pergeñados para hacerte llorar, drama (“Requiem for a dream” o cualquier otra de Aronofsky), y los guiones ideados para hacerte reír, comedias (la trilogía de “Austin Powers”, verbigracia). Y después de todo esto, está la Serie B, referida a aquellas películas con guiones absurdos e insostenibles, con efectos especiales que no son sino meros y baratos disfraces, pintura roja para la sangre y cosas por el estilo.

Pues bien, la película que hoy nos incumbe no sólo es Serie B de la peor calidad (peor incluso que la que nos mostró Edward T.  Wood Jr.), con efectos especiales (realmente dudamos que los haya aquí) que harían reír a los mismísimos hermanos Chiodo (no confundir con el hermanamiento musical Chiodos), sino que además parece regocijarse en esa cutrez, orgullosa de ella, exhibiéndola con giros cada vez más absurdos y coreografías de combate cada vez más increíbles (pero en el estricto sentido de la palabra, pues pensamos que en todo el largo no hubo ni un golpe real): la película se llama “Kárate a muerte en Torremolinos”.

Pero vayamos a lo que importa: ¿de qué trata esta película que ya se nos presenta con un título paródico? La cosa es más o menos así: el malvadísimo Dr. Malvedades se ha hecho con el antiguo y maldito Necronomicón (exacto, el de Lovecraft) y, con la ayuda de sus karatecas zombis, planea raptar a cinco adolescentes recién desvirgadas para despertar a la bestia marina mitad pulpo y mitad centollo (si os atrevéis a ver la peli, veréis que realmente el “monstruo” no es ninguna de las dos cosas) que dormita en las profundidades abisales de Torremolinos, llamada Jocántaro, para así dominar el mundo. Pero el alcalde de Torremolinos (interpretado por el único actor de cierto renombre de la peli, Juanma Lara) no permitirá que semejante abominación invada su paraíso turístico, así que contratará al famoso karateca Chuck Lee (¿hace falta aclarar que el nombre alude a Chuck Norris y a Bruce Lee?) y al parapsicólogo adicto al cannabis (e interpretado por el mismo director, Pedro Temboury, quien tres años después dirigiría “Ellos robaron la picha de Hitler”), el Dr. Orloff. Un auténtico galimatías, ¿verdad? Pues esto no es más que el principio. Jess,  un adolescente célibe (pero voluntariamente, no como la mayoría de adolescentes) y sus amigos los surfistas católicos (sic) pretenderán salvar a Danuta, la novia de Jess raptada por los zombis, conla ayuda del espíritu del Señor Miyagi, quien les instruirá en el sagrado arte del kárate (a cambio, por supuesto, de una bola o dos de hachís del bueno); ¡pero no se vayan todavía, aún hay más! Todo esto ocurre mientras unos misteriosos alienígenas se acercan peligrosamente a la ciudad (aunque esto no parece importarles a los surfistas católicos cuando atropellan a uno y se dan a la fuga) y una culebrilla amenaza con acabar con la vida de Jess si no mantiene relaciones sexuales con Danuta. ¡¡Y todo esto en tan sólo setenta minutos largos!!

¿Logrará la hermandad de surfistas católicos detener al Dr. Malvedades? ¿Conseguirá el doctor reunir los cinco corazones? ¿Saldrá al fin Jocántaro de su sueño profundo y de las aguas abismales de Torremolinos? ¿Harán algo que valga la pena los alienígenas que pasaban por allí?

En fin, la crítica fue dura con la ópera prima de Temboury, nominándola a siete premios Godoy (recordemos, los premios vía internet a las peores películas españolas), de los que ganó tres. No se percataron de que esta película se mueve en el ámbito de la Serie B, de la comedia absurda, de que es una película que, a pesar de fallar en todos los aspectos técnicos y éticos del cine, incluye prácticamente todos los géneros arriba mencionados. Nosotros creemos que es una película para reirse (no sólo por lo mala que es, mala a sabiendas, sino también por el guión), para quedarse atónito, para estremecerse (no, realmente no)…

…para verla, sobre todo, tras fumarse un buen petardo (o dos, o tres…).

Atención: a continuación dejaremos los enlaces para descargar “Kárate a muerte en Torremolinos”; si deciden visionarla, será sólo bajo su propia responsabilidad.

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Dotýka, bahno a Eva Švankmajerová (teorie a praxe).

Puedo afirmar sin exagerar que Jan Švankmajer es el director de cine cuyas obras más me han fascinado. Recuerdo que hace unos meses, vagabundeando por youtube, encontré un video llamado Zamilované Maso (Meat love); el stopmotion tan realista, con esa idea tan simple pero a la vez ingeniosa, tan grotesca pero tan cautivadora de hacer bailar concupiscentemente a dos filetes, de hacer que se lancen a la harina y se besen apasionadamente al son de una radio, unido ello a un breve resumen de su vida expuesto bajo el video, fue estímulo  suficiente para motivar mi curiosidad y desear aprender más sore él. Encontré cortos tan singulaers como Žvahlav aneb šatičky slaměného Huberta (Jabberwocky), en el que juega con su propia infancia y mezcla toda clase de objetos, puzzles y muñecos inanimados en una vorágine melancólica y absurda (absurda porque, ante todo esto, una niña recita el poema homónimo de Lewis Carroll); o Byt (The flat), en el que simples y cotidianos objetos le hacen la vida imposible a un miserable humano, que no tiene ya más que asumir su destino (y su pollo).

Pero no me entretendré más en sus obras menores, pues de lo que realmente quiero hablar es de sus largometrajes. A día de hoy hay seis, y parece que, aunque dijo que su largometraje Přežít svůj život (Surviving life) de 2010 sería el último, hay otro proyecto en su mente, llamado Hmyz (Insects). A estas dos se suman Něco z Alenky (Alice), basada en el clásico y readaptadísimo Alice in wonderland de Lewis Carroll (sí, otra vez); Lekce Faust (Faust), basada en la legendaria historia de Fausto, de Johann Wolfgang von Goethe, pero con el toque svankmajeriano particular de las marionetas gigantes y el stopmotion tan realista con simple barro; Šílení (Lunacy), basada en un par de relatos de Edgar Allan Poe (son “The System of Doctor Tarr and Professor Fether” y “The Premature Burial) y además con manifiestas alusiones al Marqués de Sade; Otesánek (Little Otik), que trata de un matrimonio que quiere concebir a un hijo pero les resulta imposible, y un giro del destino les cumple sus obstétricos deseos al ofrecerle un hijo de madera; y la que he dejado para el final es precisamente la que me parece más interesante: Splikenci slasti (Conspirators of pleasure).

Los conspiradores del placer es verdaderamente una película extravagante (pinchad aquí para verla) pergeñada por una mente extravagante (la del mismísimo Švankmajer), y para un público extravagante (los cinéfilos surrealistas de Praga, la asociación Linterna Mágica, etc).  El largo nos cuenta, sin el más mínimo aserto durante más de hora y media (ni falta que hace), las peripecias de los habitantes de un bloque de vecinos que intentan hallar la forma de alcanzar su excéntrico éxtasis sexual a través de experimentos táctiles. El Señor Pivonka es un soltero que construye una marioneta de tamaño real de su vecina, la Señora Loubalová, quien asimismo ha hecho otra de él; a esto, Pivonka recibe una carta de la cartera que dice “En Domingo”, mientras creaba el busto de un pollo gigante (clara referencia del director a los collages del surrealista Max Ernst) para colocárselo en la cabeza; Pivonka no hace caso del mensaje y le pide a su vecina que le degolle un pollo para él (entonces vemos como él recoge la sangre del pollo, que más tarde le será de utilidad). El Señor Kula es el kiosquero local, que está enamorado de la presentadora de un programa de noticias (quien a su vez siente placer al meter sus pies en un barreño con peces), y consigue crear una especie de robot abrazador para simular el acto sexual con ella. Mientras, la cartera local esnifa bolitas de migas de pan antes de dormir y el marido de la presentadora (el jefe de policía) se da masajes con rodillos llenos de clavos, plumas, chinchetas, esponjas y demás objetos con texturas antitéticas. Los verdaderos propósitos y el grand finale de los dos protagonistas me los callaré.

En fin, parece que todo es un completo caos, pero la verdad es que es una película llevadera, detallada e interesante. Al tratar temas tan pseudo-sicalípticos, tan surrealistas, ridículos y descabellados a la vez (no sería disparatado encontrar alguna inspiración en Un chien andalou de Buñuel y Dalí, pues el mismo Jan ha afirmado su admiración por Salvador y por ese corto en concreto), o lo hace bien, con ternura, con cuidado de no meter la pata yendo demasiado rápido, haciendo uso del stopmotion sólo como el componente mistificador y esotérico que refleja las fantasías de los protagonistas y escogiendo una banda sonora adecuada (operística), como ha hecho él… o se filma una película ininteligible  que usa esas excentricidades para atraer la atención de los curiosos, aunque carezca de mensaje y moraleja (y moralina). Y es que la moraleja de Splikenci slasti reside precisamente, según he entendido yo, en que cada uno de nosotros, ya seamos solteros compradores de porno, frígidas presentadoras de telediarios o jefes de policía, nos debemos a nuestras obsesiones, y haríamos lo que fuera por ellas (ya consistan en flagelar a un muñeco de paja al estilo del BDSM o en reunir profilácticos para ponértelos en los dedos), pues demuestran lo que realmente nos apasiona, nos seduce, nos hipnotiza sobre todas las mundanas frivolidades a las que estamos sujetos día a día; siempre debemos recordar nuestras obsesiones, pues nos caracterizan. Como dijo el director en su Decálogo (incluido en el libro “Para ver, cierra los ojos”): “Sé un sumiso de tus obsesiones. Tus obsesiones son, con mucho, lo mejor que posees. Son reliquias de la infancia…”

¿Y cuáles son las obsesiones del director?  Las obsesiones de Jan Švankmajer son la sinestesia, la experimentación táctil, la retrospección a la infancia, el autoanálisis, Arcimboldo, la autoparodia (como demuestra en los prólogos de Přežít svůj život y Šilení), las marionetas (de cualquier tamaño, de cualquier color, de cualquier forma), los cuentos (infantiles, kafkianos o poescos), la “Praga mágica” de Meyrink, el componente onírico, Sigmund Freud, etc.

EXTRACTO DE “PARA VER, ABRE LOS OJOS”, DE JAN SVANKMAJER. CEREMONIA MÁGICA DE INICIACIÓN AL TACTILISMO:

“Aislar al iniciado en una habitación a oscuras.

Debe mantener su mano sumergida en crema negra de ictiol durante una semana.

En ese tiempo, la espalda debe estar cubierta de cataplasmas de grasa de oca y ortigas finamente picadas.

La planta del pie izquierdo debe tocar una superficie de agua caliente.

La planta del pie derecho una superficie de agua helada.

Pasados tres días, los pies cambian de posición.

Su rostro recibirá un aire caliente proporcionado por un abanico.

Introducirá su pene vendado en un tubo hecho con una lámina de papel de lija.

Las rótulas serán suavemente golpeadas con un mazo de oro.

Tres veces al días, se inyectará en el brazo izquierdo una dosis justa de mescalina.

Transcurrida una semana, se introducirá al iniciado en el laboratorio del Gran Tatuador, que tatuará en su espalda la huella aumentada de su dedo pulgar, al tiempo que dirá:

¡Convierte lo frío en cálido, lo blando en duro!

¡Lo fluido en sólido!

¡Lo áspero en liso!

¡Lo hiriente en amoroso!

¡Y viceversa!”

etc.

Arriba: la cara que se le quedó al bueno de Jan tras su ceremonia mágica de iniciación al tactilismo.

Dicho esto, recomendamos vivamente toda la filmografía del director (sus 30 cortometrajes y sus seis películas), así como, a los interesados y curiosos, los directores checos Oldrich Lypský, Jiri Barta, Jiri Trnka o los epígonos de Svankmajer: Terry Gilliam, Tim Burton o los Hermanos Quay.

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¡Y ahora debes cerrar los ojos! ¡De lo contrario, no verás nada!

Declaraciones (in)necesarias: Exaprupto poesco.

¡¿¡¿Sylvester Stallone va a dirigir una película sobre la vida de Edgar Allan Poe?!?!

Creo que sólo es un proyecto, pero no me entra en la cabeza una incongruencia de tales dimensiones. Por ello, comunico que escribo este post con el único objeto en mente de concienciar y movilizar a todos los perseguidores de cuervos, asiduos de cementerios, amantes de gatos negros, víctimas del Ángel de lo singular, bebe-absentas, vedores de esqueletos y oyentes del Tekeli-li: hemos de levantarnos y hacer todo lo posible por que a Stallone le sobrevenga alguna “desgracia arbitraria” que le impida hacer que ese proyecto vea la luz del celuloide.

Pero hablando seriamente, esto sólo puede acabar de dos formas: o bien el actor de Rocky Balboa nos sorprende (enormemente) al rodar y guionizar una obra de arte, o bien, con mayor probabilidad, nos horrorizará con un Poe lobotomizado, que en lugar de emborracharse mata palestinos y en vez de escribir sonetos se enfrenta pugnísticamente contra sus coetáneos.

En fin, solamente quería desahogarme un poco y aconsejar a cada idólatra como yo del último romántico americano que se prepare, porque pronto podría surgir ante nuestras narices la primera película biográfica de Edgar Allan Poe…

…dirigida por, sí… ¡¿¡¿Sylvester Stallone?!?!