Declaraciones (in)necesarias: You can (not) understand.

Como acostumbro en este tipo de posts, seré breve y conciso sobre un tema concreto que me preocupe sobremanera…

Sobre este tema en concreto.

Y bien, sólo diré que, con mucho, los dos últimos capítulos de la serie anime “Neon Genesis Evangelion” supusieron para mí la hora más ininteligible, filosófica, misantrópica, psicológico-existencial y pseudo-filosófica; en fin, la hora más rayante de mi vida…

…con la excepción de cuando, justo después, me vi…

Claaaaro, con la excepción de cuando me vi ‘The end of evangelion’, el final que sí merece la pena, aunque sigue sin dejarse entender del todo, de la saga.

Por último decir que, aun con este exabrupto tan aparentemente feo que acabo de hacer de la saga, sigo admitiendo que es una de las mejores (si no la mejor) serie anime que he tenido la suerte de ver. A su lado, ‘Paranoia agent’ es ‘Teo va a la playa’.

Eso es todo.

Gracias, y a todos vosotros, FELICIDADES…

Los surferos católicos contra el desmadre sexual.

La historia del cine está llena de títulos inolvidables, de películas sobre naves espaciales con efectos especiales de aúpa, o consistentes en baños de sangre, o con guiones que te hacen reflexionar sobre lo dura o maravillosa que es la vida; cada película fue introducida en un género cinematográfico: así, a las películas inolvidables se las llamó clásicos (“Tiburón”, “Un tranvía llamado deseo”, “Bailando con lobos”, etc), a las películas con efectos especiales carísimos, ciencia-ficción (“Star Wars”, “La guerra de los mundos”…), los baños de sangre fueron calificados como gore (nunca sabremos qué película es más ducha en este género, “Brain dead”, la que consideramos la mejor peli de zombis jamás filmada, o “Tokyo Gore Police”), las películas con guiones pergeñados para hacerte llorar, drama (“Requiem for a dream” o cualquier otra de Aronofsky), y los guiones ideados para hacerte reír, comedias (la trilogía de “Austin Powers”, verbigracia). Y después de todo esto, está la Serie B, referida a aquellas películas con guiones absurdos e insostenibles, con efectos especiales que no son sino meros y baratos disfraces, pintura roja para la sangre y cosas por el estilo.

Pues bien, la película que hoy nos incumbe no sólo es Serie B de la peor calidad (peor incluso que la que nos mostró Edward T.  Wood Jr.), con efectos especiales (realmente dudamos que los haya aquí) que harían reír a los mismísimos hermanos Chiodo (no confundir con el hermanamiento musical Chiodos), sino que además parece regocijarse en esa cutrez, orgullosa de ella, exhibiéndola con giros cada vez más absurdos y coreografías de combate cada vez más increíbles (pero en el estricto sentido de la palabra, pues pensamos que en todo el largo no hubo ni un golpe real): la película se llama “Kárate a muerte en Torremolinos”.

Pero vayamos a lo que importa: ¿de qué trata esta película que ya se nos presenta con un título paródico? La cosa es más o menos así: el malvadísimo Dr. Malvedades se ha hecho con el antiguo y maldito Necronomicón (exacto, el de Lovecraft) y, con la ayuda de sus karatecas zombis, planea raptar a cinco adolescentes recién desvirgadas para despertar a la bestia marina mitad pulpo y mitad centollo (si os atrevéis a ver la peli, veréis que realmente el “monstruo” no es ninguna de las dos cosas) que dormita en las profundidades abisales de Torremolinos, llamada Jocántaro, para así dominar el mundo. Pero el alcalde de Torremolinos (interpretado por el único actor de cierto renombre de la peli, Juanma Lara) no permitirá que semejante abominación invada su paraíso turístico, así que contratará al famoso karateca Chuck Lee (¿hace falta aclarar que el nombre alude a Chuck Norris y a Bruce Lee?) y al parapsicólogo adicto al cannabis (e interpretado por el mismo director, Pedro Temboury, quien tres años después dirigiría “Ellos robaron la picha de Hitler”), el Dr. Orloff. Un auténtico galimatías, ¿verdad? Pues esto no es más que el principio. Jess,  un adolescente célibe (pero voluntariamente, no como la mayoría de adolescentes) y sus amigos los surfistas católicos (sic) pretenderán salvar a Danuta, la novia de Jess raptada por los zombis, conla ayuda del espíritu del Señor Miyagi, quien les instruirá en el sagrado arte del kárate (a cambio, por supuesto, de una bola o dos de hachís del bueno); ¡pero no se vayan todavía, aún hay más! Todo esto ocurre mientras unos misteriosos alienígenas se acercan peligrosamente a la ciudad (aunque esto no parece importarles a los surfistas católicos cuando atropellan a uno y se dan a la fuga) y una culebrilla amenaza con acabar con la vida de Jess si no mantiene relaciones sexuales con Danuta. ¡¡Y todo esto en tan sólo setenta minutos largos!!

¿Logrará la hermandad de surfistas católicos detener al Dr. Malvedades? ¿Conseguirá el doctor reunir los cinco corazones? ¿Saldrá al fin Jocántaro de su sueño profundo y de las aguas abismales de Torremolinos? ¿Harán algo que valga la pena los alienígenas que pasaban por allí?

En fin, la crítica fue dura con la ópera prima de Temboury, nominándola a siete premios Godoy (recordemos, los premios vía internet a las peores películas españolas), de los que ganó tres. No se percataron de que esta película se mueve en el ámbito de la Serie B, de la comedia absurda, de que es una película que, a pesar de fallar en todos los aspectos técnicos y éticos del cine, incluye prácticamente todos los géneros arriba mencionados. Nosotros creemos que es una película para reirse (no sólo por lo mala que es, mala a sabiendas, sino también por el guión), para quedarse atónito, para estremecerse (no, realmente no)…

…para verla, sobre todo, tras fumarse un buen petardo (o dos, o tres…).

Atención: a continuación dejaremos los enlaces para descargar “Kárate a muerte en Torremolinos”; si deciden visionarla, será sólo bajo su propia responsabilidad.

http://depositfiles.com/files/0gzicxxvn

http://depositfiles.com/files/8oppxe2d3

You cannot sedate all the things you hate!

Marilyn Manson está olvidado: eso es una verdad innegable. Podemos encontrar conmiseración, sin embargo, al recordar a solaz los discos de sus principios: “Antichrist Superstar”, “The golden age of grotesque” o “Smells like children”; siempre ha sido abundante en canciones estrafalarias o con ritmo endiablado como “Wormboy”, “Doll-Dagga Buzz-Buzz Ziggety-Zag”, “Fuck Frankie”, “Shitty Chicken Gang Bang”, “(s)Aint”,etc. No obstante, cuando se trata de recordar el lado más creativo, más bizarro de MM, siempre me inclino por su primer álbum: “Portrait of an american family”. Así pues, creo un trabajo tan infernalmente ignorado debe ser mencionado solamente en algún lugar también infernalmente ignorado, como es este blog.

En fin, el disco ya comienza con un preludio que me vuelve loco, “The family trip”, basado en la novela de Roald Dahl “Charlie y la fábrica de chocolate”. Dicho preludio consiste en Marilyn Manson repitiendo unas frases de Willy Wonka, pero con su voz siniestra y acompañado de efectos, coros pandemoníacos y juraría que incluso sintetizadores. Acaba con la frase “Stop the boat”, que nos revela que la parte de la novela escogida es cuando los visitantes de la fábrica y el inolvidable chocolatero se introducen por el túnel oscuro.

Tras esta magnifica introducción, llega la canción “Cake and sodomy”, inspirada en una porno -no sabemos cuál, sólo que debía de incluir semen en cantidades pantagruélicas, por aquello de “white trash get down on your knees, time for cake and sodomy”-; los coros radican en orgasmos, o al menos, voces femeninas que lo parecen.

Lo que más me fascina de “Lucnbox” es sin duda su videoclip: difíciles de olvidar ese Manson tan yonki y ese Twiggy Ramírez tan andrógino y ambiguo (vedlo aquí); desde entonces se podían intuir las pretensiones estéticas del grupo. La canción viene inspirada en un hecho de la infancia del cantante, cuando golpeó con su lonchera a unos abusones. Sin embargo, y aunque me guste la canción, creo que en este disco hay muchas mejores.

Como, verbigracia, “Organ Grinder”. Poco que decir al respecto de esta canción, salvo que me encanta el sonido del órgano, que al pensar en la letra se me antoja la pedofilia -“what i want, is just your children…calliopenis envy from your daddy”- y que es tan o más sucia que “Cake and sodomy”.

“Cyclops” comienza referenciando a “Poltergeist II”, pero mejor hablemos de “Dope hat”, mi predilecta. Esta canción, a mi juicio, posee el ritmo más pegadizo del disco -me atreveria a decir casi de todos los discos de Mason-, con ese ambiente carnavalesco/burlesco, esa letra ambientada en las drogas y ese videoclip que nos lanza a una fábrica de chocolate en la que los niños están amordazados -pues a Manson le encanta asustar a los niños-, en la que los Oompa Loompas son unos bebedores y pervertidos, y en la que la ambiguedad de Twiggy Ramirez se acrecienta y se enarbola cuando Manson le besa ante unas letras que dicen “Boys taste like boys”.

Como “Get your gunn” no me llama tanto, me limitaré a copiar la wikipedia, fuente global de información y faltas ortográficas: “El tema «Get Your Gunn», estuvo enfocado sobre el suicidio de Budd Dwyer, un político estadounidense que se suicidó mientras concedía una conferencia de prensa televisada en vivo. La banda estadounidense de metal industrial Nocturne realizó una versión de esta canción”. Parece interesante, supongo.

“Wrapped in plastic” alude a “Twin Peaks” de David Lynch. En cuanto a “Dogma”, está inspirada en nada menos que “Pink Flamingos” de John Waters -que se merecerá una entrada junto al resto de la Trash trilogy dentro de poco-, cuando uno de los personajes grita “Burn, you fucker!” y acto seguido prende fuego a un remolque. La canción incluye gritos del cantante que parecen salir del mismísimo infierno.

“Sweet tooth” y “Snake eyes and sissies” parecen ofrecer más de lo mismo -en todo disco hay canciones de relleno-, en cambio “My monkey” está grabada con una voz de pito y recoge fragmentos de una entrevista que le hicieron a Charles Manson: “Sanity is a little box…makes you…breaks you…” Tiene una letra, por lo demás, absurda.

Por último, “Misery machine” es otra de mis favoritas. La guitarra me priva, la letra me priva, y además tiene ese imprevisible guiño a un soberbio tema de The playmates, “Beep, beep“, que introducen ralentizado para teñirlo de un tono parsimonioso y decadente, no tan ágil como el original. Al final de esta canción, a modo de guinda del pastel que conforma el maravilloso trabajo y tras medio minuto de silencio, se puede escuchar un extracto de diálogo de Mink Stole en “Desperate living”, igualmente de John Waters.

…TELL YOUR MOTHER I HATE HER!! TELL YOUR MOTHER I HATE YOU!!

http://rapidshare.com/files/280365108/MM_POAAF.rar

Looking for something BIZARRE?

[Hace algún tiempo, hubo un juego al que jamás nadie jugó, tirado en el suelo de una habitación, en un baúl vacío. El juego estaba lleno de vida y conflictos, mega-monstruos y peleas de robots. “Somos lo extraño”, era el título. Ahora, conoce a los jugadores que viven en su interior. Prepárate.]

Con estas palabras comienza “We are the strange”, uno de esos rarefactos que se encuentran de vez en cuando, completamente alejados de convencionalismos, autores de renombre o presupuestos desorbitados (John Waters nos enseñó con “Pink Flamingos” que no es necesario un gran presupuesto para crear una gran película), pero dotados de una creatividad, ingenio y maña latentes que los hacen brillar con luz propia.

En primer lugar, hablemos de los personajes principales. Podría decirse que la protagonista es una chica estilo anime, de pelo añil y ropas grises, llamada Blue. A causa de su “enfermedad” no puede sonreír, pues su cara se facetará. Trabajaba para el club triple X de HIM, “Fría carne plástica”, hasta que él, por puro desprecio, la echó a guantazos. Tras esto, se exilió al Bosque de los aún vivos, su hogar original.

Rain es un fugitivo que lleva una máscara sonriente o de actor de Kabuki. Sus intenciones son desconocidas hasta el final de la película (no queremos hacer spoilers), y se dedica a aniquilar a los monstruos (o “juguetitos”) de HIM junto con Ori, el ser transformista hecho de un material similar al papel que puede doblarse y adquirir la forma que desee, y que fue secuestrado por el fugitivo en la cúspide de su carrera en el Circo Origami.

eMMM es un muñeco con una M en la frente que vive solo en dicho bosque, jugando sin parar a su Game boy. No sabe cómo llegó allí; no habla; no hace nada de interés hasta el final de la película. Lo único que sabemos de él es que desea encontrar la tienda de helado de sus sueños a toda costa.

Por último, HIM es el “malo malote” que debe haber en toda peli; es un prócer tan temido y odiado como respetado que tiraniza vilmente la ciudad Stopmo con sus monstruos bizarros y estrafalarios y pasa el día en su club. Su soberbia y egocentrismo se ponen siempre de manifiesto cuando habla (y su voz, curiosamente, es la del director oculto de la obra, el tal M Dot Strange).

En cuanto al argumento (pues lo realmente admirable de la película es que tiene argumento), vira en torno a las peripecias de Blue y eMMM para encontrar la tienda de helados y las luchas de Rain y Ori contra los monstruos y robots. Tras múltiples escenas caleidoscópico-nintenderas, casi siempre incoherentes e impredecibles (tanto en técnica como en trama), que incluyen imágenes superpuestas, pixels, efectos de todo tipo y animación de todo tipo (desde el stopmotion hasta el estilo de juegos de 8 bits, todo ello en una amalgama que Dot Strange califica “Str8nime”), llega la batalla final en la que la cruel dictadura del malo malote HIM debe ser derrocada. Para ello, el héroe eMMM y sus compañeros Blue, Rain, Ori y la secta de góticos que le veneran unen sus fuerzas y… bueno, y pasa lo que pasa.


Debo decir, ya desde una perspectiva más crítica y personal, que si esta película me parece buena es sólo porque artísticamente mis gustos giran siempre hacia el surrealismo, y creo que esta obra desborda esa corriente. Es el dejarse llevar por el instinto, el llevar a cabo cualquier capricho estético por muy ininteligible que resulte, lo que verdaderamente me llama la atención aquí. Además, el simple hecho de hacer una película como la que estamos tratando con un presupuesto ínfimo, un puñado de muñecos, varios ordenadores caseros (windows 98, quizá) y un guión tan oligofrénicamente absurdo, me parece, al menos a mí, de un mérito a tener en cuenta.

Cosa aparte es la estética. La misma obra se define a sí misma como “Monsters INC meet The nightmare before Christmas inside of a retro japanese video game”, y la verdad es que resultaría tremendamente difícil dar una descripción mejor. Hablamos de estrellas y corazoncitos con facciones tristes, de graffitis por todas partes, de cruces en lugar de ojos, de neones y medias de rayas, de sombras amorfas, de farolas puntiagudas y de edificios angulosos -y ante todo, predomina la muy burtoniana “estética damero”-.

Con respecto al género de la película, yo diría que es al menos tan compleja de catalogar como “Kárate a muerte en Torremolinos” o “Being John Malkovich”. Es de ese tipo de obras que ni tienen ni necesitan un género, pues se balancean libremente entre la fantasía, la acción, el drama (el momento en que Blue se llama a sí misma “monstruo” y se autocompadece por no poder sonreír me parece emocionante) o la comedia absurda (ya que Ori añade mucha comicidad a la peli), haciendo además mil referencias a todo tipo de juegos, atávicos o modernos, populares o desconocidos, en un híbrido con personalidad propia y estilo propio.

Por último decir que, en la humilde opinión de un servidor, existen obras, independientemente de que sean de culto o no, conocidas y premiadas o no, que, como ésta, sobresalen por su originalidad, su modernismo y su afán de estimular e impresionar al espectador en cada momento bombardeándolo  con situaciones grotescas, tramas inexplicables o imágenes y comentarios simplemente esquizofrénicos, y que desgraciadamente suelen ser completamente ignoradas, apenas difundidas y vistas sólo por esa minoría antihollywoodiense que está cansada de actores histriónicos o melodramas vacíos -no quiero parecer prepotente, pero es mi opinión- ; se me pasan por la cabeza al hablar de “We are the strange”: “Gritos en el pasillo” (una bazofia), “Night of the living dead: reanimated”, “Jedne noci v jednom meste” (una maravilla), “Team America”, “Sophie´s place”, algunos de los primeros cortos de Svankmajer, alguna peli de Jiri Barta o incluso “Strings”; sé que las comparaciones no son muy fiables, pero son los primeros ejemplos que se me ocurren.

En conclusión, “We are the strange” es una película para ver cuando estás aburrido y tienes ganas de paranoia, de algo nuevo y excéntrico, de algo curioso, salido de rosca, oscuro y, por qué no, incluso interesante.

No deja indiferente. Una obra que desborda sinsentido. Para ver preferiblemente con dos o tres cervezas encima.

Trailer: http://www.youtube.com/watch?v=6qCSahatkbk