Haré con las viñetas lo que me salga del pijo (I): Eisner y Spirit.

Y yo voy y me doy cuenta de que aún no he hablado prácticamente nada por estos lares de uno de los campos artísticos que más me atrae, si no el que más: ¡los cómics!, ¡el noveno arte! Pues vamos a remediarlo, me dije. ¿Y por quién mejor voy a empezar a parlotear sobre este tema que por el padre de todos los historietistas?, me pregunté.

Pues como dijo Alan Moore en algún sitio: “le debemos a Eisner que los cómics tengan cerebro […] Cuando alguien nos oiga, a mí o a cualquiera de mis colegas, pontificar y teorizar sobre el mundo del cómic, debe tener presente que, en el mejor de los casos, lo que estamos haciendo tiene como sólida base la obra que Eisner ha estado cimentando en los pasados cuarenta años. Él es el jefe, y todos lo sabemos.”

¿Y por qué?

¿Por qué le debemos eso?

¿Por sus guiones? Pues a mí me parecen buenos, pero NO MANTECOSOS al estilo Alan Moore, que al ser el Mago del Caos del noveno arte, tiene el superpoder de escribirte un magistral guión de cómic al mes sin siquiera pararse dos veces a pensarlo detenidamente. Él no necesita reflexionar sobre la “estructura interna” del guión, o los giros argumentales. Todas esas chorradas son innatas a él, porque, al tener la barba esa que tiene, todo lo que escriba le saldrá bien: como los negros con el baloncesto.

*Conviene recordar que Alan Moore es la hostia pero no es más que el discípulo, que se dedicó, como tantos otros, a continuar el camino que ya había proporcionado, cimentado otro (Eisner) ; aunque, como ocurre en multitud de ocasiones, a veces el pupilo supera al maestro en algunos ámbitos.*

Mas, aun a falta de un guión con gancho, hay que reconocer que Eisner supo crear un personaje (The Spirit) que lo tenía todo para triunfar:

The Spirit

la presunta defunción de su alter ego Denny Colt;

el misterio de “quién-carajo-es-Spirit-?”, pues nadie lo sabe excepto el comisario de policía;

vacileo, picaresca, llamadlo como queráis: sea como sea Spirit salva a tu chica, luego se pega el morreo con ella delante de ti, y te la devuelve intacta y perpleja;

sangre fría, a Spirit no le importa ser cruel, intimidar, dar un par de palizas de vez en cuando, como dejó claro en ‘La Reina Negra’: “¡Levanta y escúchame bien, Slot! ¡Te voy a matar! No deprisa como tú haces, sino lentamente… te voy a matar a puñetazos…”;

Spirit es inteligente: se disfraza, hace confesar a los criminales con astucia, siempre va por delante de policías, investigadores y demás profesionales que no viven en un mausoleo en el cementerio;

Spirit tiene un chófer que parece un conguito;

por último, Spirit vive en un mausoleo en el cementerio; mola, ¿no?

Pero aguarda, si no fueron sus guiones, ¿por qué pasó a la historia nuestro Will?

¿Por sus dibujos? Lo dudo horrores. El dibujo de Eisner en ‘The Spirit’ era simplón y nada novedoso. Luego en otras obras como ‘Contrato con Dios’ sí utilizó unos trazos más definidos, pero desde luego en ‘The Spirit’ no eran los dibujos los que llamaban la atención. Es decir, era un dibujo honesto y nada complejo: algo contradictorio por lo que explicaremos poco más adelante.

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¡¿Pero entonces que es?! ¡¿Cuál es la razón por que todos aclaman a Eisner por encima de Moore, de Kirby, de Kurtzman, de Lee, y de cualquier otro historietista que haya dejado su huella, pequeña o vasta, en el mundo del cómic?!

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Fácil, no hay más que mirar cualquiera de sus páginas para darse cuenta: la complejidad en la distribución y forma de sus viñetas, el uso de la paleta de colores, etc; en fin, las innovadoras técnicas narrativas convirtieron a Eisner en el padre del cómic con cerebro.

Porque fue él quien innovó antes de que Moore aprendiera a utilizar el orinal.

Fue él quien ya utilizaba los estilemas kirbyanos antes de que existiera el término kirbyano.

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.

Fue él quien, antes de que apareciera ‘The saga of The Swamp thing’ guionizada por Moore o ‘Reproducción por mitosis’ de Kago, ya experimentaba con los límites materiales de las viñetas; quien, antes  que Harvey Kurtzman en su revista ‘MAD’, ya se olvidaba en las escenas de acción de utilizar un fondo para sus viñetas y usaba sólo un color chillón para potenciar el dramatismo ; fue él quien, con la ayuda de un martillo impregnado de imaginación, visión y metal duro, derruyó a golpes impasibles las paredes que conformaban esos ‘recuadros’ que dividían las páginas y las historias en partes: a partir de él y en adelante, los objetos y personas podían salirse de sus márgenes y entrometerse un poco, invadir las viñetas de al lado. Y para colmo, las viñetas no tenían ya por qué ser cuadradas: podían ser circulares, o bien muy pequeñas o formadas sólo por texto; o bien pueden superponerse unas viñetas encima de otras.

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Obsérvense las viñetas dispuestas como ventanas de un edificio.

La interacción total del personaje con el título del cómic, que está representado casi siempre como parte de una pared, como un cartel al que se agarra nuestro Spirit, como una sucesión de edificios… en una palabra: Eisner también introdujo al mundo de los cómics el metalenguaje.

¿Y esto? ¡Esto ya es un desfase!

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Todos estos recursos narrativos que estamos citando los utilizaría más tarde Moore en La cosa del pantano y después en Watchmen. Pues tanto Moore, como Kirby, como Kurtzman, como cualquier historietista que se precie, ha aprendido de él, del maestro.

En definitiva: Will Eisner, mostró a todos los historietistas del mundo que no estaban atados a unas leyes preestablecidas; que el cómic no trata sólo de construir una historia contada a partir de recuadros perfectamente organizados que delimitan el transcurso del tiempo: pues el cómic bebe de la literatura y la pintura, y puede utilizar los recursos que estime oportunos de cualquiera de esas dos ramas artísticas: da igual si quiere utilizar más texto que dibujo en una página, o que no haya viñetas propiamente dichas, sino que sean los mismos dibujos los que dividan el paso del tiempo; da igual que no tengan texto; da igual todo eso porque no hay barreras, y si las hubo alguna vez, desaparecieron hace mucho.

Esa es la gran enseñanza de Eisner. Por eso él dio un cerebro a los cómics. Él hizo que hubiera un más allá, él inició la vanguardia; los demás le siguieron.

“[…] Si añadimos a eso su reciente obra teórica titulada ‘El cómic y el arte secuencial’ y los numerosos proyectos en los que se ha volcado, se empieza a comprender su inmensa contribución al mundo de la historieta. Nos ha proporcionado un modo de ver y pensar el cómic y le debemos una manera de abordarlo y entenderlo […] En dos palabras: no hay otro como Will Eisner. No lo hubo antes, y en mis momentos pesimistas dudo que vuelva a haberlo jamás.”

Moore, 1986.

“Haré con las viñetas lo que me salga del pijo” volverá la semana que viene con “Haré con las viñetas lo que me salga del pijo (II): ¡Eisner contra los muertos vivientes!”.

En Advesperascit, el único blog que te hace preguntarte por qué estás aún leyendo este blog.

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