5 buenas razones por las que “Na půdě aneb Kdo má dneska narozeniny?” vence por goleada a “Toy story”.

Na půdě aneb Kdo má dneska narozeniny?  (AKA “In the Attic, or who has a birthday today?” y en adelante sólo “In the attic”) es una coproducción checo-japonesa-eslovaca dirigida por el maestro Jiri Barta que anteriormente nos robara el corazón con obras como Krysař, esa sombría y extraña versión del flautista de Hamelín. Su última película, si bien a priori parece tener muchas semejanzas con Toy story (no me puedo creer que vaya a escribir dos posts seguidos sobre la malévola e infatuada compañía Disney), son más relevantes, son más interesantes sus diferencias.

aventuraseneldesvan0904

Y allá vamos:

-Los antecedentes: mientras Disney no cuenta más que con obras ñoñas, mainstream (léase: con final feliz e idealizado pase lo que pase) y con una trama basada en valores humanos que siempre son los mismos y se cuentan de la misma forma (“Bichos” y la camaradería, las películas de princesas y el amor verdadero…), Jiri Barta tiene tras de sí un largo historial de cortometrajes experimentales (“Diskjockey” y sus cambiantes situaciones manejadas con aparente arbitrio), novedosos, originales, curiosos (“The club of the laid off” con los maniquíes fornicando y fumando porros de serrín) y cautivadores (“A ballad about green wood”).

club_of_the_laid_off

bartaklub02uv5

.-La animación: mientras “Toy Story” no es más que animación por ordenador vista ya mil millones de veces, “In the attic” es stop motion checo, es decir, stop motion manteca, laborioso claymation en ocasiones, incluso, del que, aunque la historia sea un banal zurullo de cebra (no es el caso aquí, aunque parezca a priori), te quedas viendo la peli hasta el final, perplejo, alelado, hipnotizado porque lo que estás viendo parece tan real como la vida misma. Situaciones ingeniosas y artefactos a partir de objetos cotidianos, etc. Invita a la reflexión, creo, el hecho de que las películas de Disney sean archiconocidas por todo el globo siendo lo que son, y que a Jiri Barta sólo lo conozcan en el “cine de culto” siendo lo que es.

na_pude-01-500px

Y es que si a Jiri Barta se le plantea el problema de no disponer de la tecnología suficiente para llevar a cabo su obra, busca inmediatamente una alternativa “casera y artesanal” e igual o más efectiva que la primera baza; verbigracia, hay un momento en que el malo malote del film intenta ahogar a los héroes en aguas negras: esas aguas son bolsas de basura animadas moviéndose a la velocidad de los rápidos o las cascadas; otros ejemplos son el monstruo-futón, o el teléfono que no es más que dos cacerolas unidas por un cable.

No en vano Peter Debruge hizo en Variety lo mismito que estoy haciendo yo aquí: comparar Toy Story con In the attic. Al respecto escribió: “despite their inflexible faces, Barta conceives all sorts of inventive ways to bring these inanimate objects to life. […] Should a given shot prove too tricky to accomplish practically, Barta has no qualms about using digital compositing to blend multiple stop-motion plates. Though rudimentary, fire and water effects are especially effective.

225810_206049972766537_6327697_n

Jiří Barta

-La trama: volvemos a lo dicho en el punto 1º. “Toy story”, al igual que sus predecesoras, no es más que otra película Disney en la que unos personajes cuyo físico contrasta con su personalidad (Rex, el dinosaurio miedoso; Buzz, el muñeco que se cree un astronauta/superhéroe cuando no es más que un muñeco, etc) aprenden una valiosa lección sobre la amistad y todo eso, a partir de una trama idealizada en la que se propone un problema u objetivo, se encuentra una solución y todos felices. Barta en cambio nos propone una historia más (sur)realista (si fuera verdad que los muñecos cobran vida en un gigantesco desván, ¿no sería lógico que le tuvieran pavor a los humanos, como seres poderosos que son, en lugar de tomarlos como amigos y compadres como hace Disney? Pero es verdad, en Disney no hay miedo, no hay peligro, y si lo llega a haber, desaparecerá pronto para convertirse en un arcoiris de bondad, amistad, amor y confeti) en la que un ser maligno que sólo tiene un brazo y una cabeza (y parece estar hecho con barro, al estilo del Faust del gran Svankmajer), secuestra con la ayuda de su ejército de bichos y engendros a una muñeca bonita y delicada (Flora) y sus amigos tienen que cruzar el peligroso desván para rescatarla. Barta no se centra tanto en presentar valores morales, sino que más bien crea una trama como cualquier otra y deja que ese valor moral se sugiera solo, sin soliloquios internos ni ambages, sino mediante las acciones puras y duras de unos personajes con perfiles psicológicos como los de cualquier persona real.

-Los personajes: claramente no hay color. Los personajes de Toy Story son descaradamente carismáticos y moralistas; en exceso, y ahí reside el problema, por culpa de eso no nos podemos encariñar con ellos; son demasiado buenos; no son como nosotros; no son realistas. Por contrapartida, en In the attic nos encontramos con personajes más humanos, más ingeniosos: un señor patata que no está hecho de plástico sino de plastilina; un oso de peluche de carácter pacífico y sereno; un caballero andante de madera roída y sucia y aspecto bohemio, que usa un lápiz afilado como espada (este último, por cierto, me recordó bastante a los maniquíes del corto del mismo Barta “The club of the laid off“, o a un Quijote a la checa). Con estos personajes es muy difícil no encariñarse.

na_pude

thumb

392238_na-povale-alebo-kto-ma-dnes-narodeniny

-El público: probablemente esta diferencia es la causa de casi todas las demás. Toy Story, y Disney en general, está dirigido sobre todo a los niños, y pocos adultos encontrarán solaz en sus películas. En cambio, y como bien dijo Debruge, “For all its charms, In the Attic feels vaguely sinister and may prove too intense for younger kids – a testament to the film’s pacing and score, as well as how deeply auds emotionally connect with these occasionally macabre toy characters.” En esencia, que In the attic es “vagamente siniestro”  y en muchos momentos se vuelve demasiado intenso para los niños. Es, pues, una película más para adultos que aún se sienten un poco niños que para niños que quieren hacerse pasar por adultos. Esto se nota a veces en el guión, o en el ejército de bichos tan “asquerosito” y realista, o en la crueldad e insensibilidad que demuestra el villano en todo momento, o en la forma en que tratan a Flora cuando la secuestran, obligándola a limpiar una habitación que se va llenando a cada instante de más y más hollín, en plan castigo-interminable-típico-olímpico cual Sísifo. Creo que este tipo de cosas son las que demuestran que este largo va dirigido a un público algo más maduro.

Y creo que ya está. Creo que es suficiente. Invito a visionarla y a comparar ese estilo “artesanal” de Barta con las superproducciones norteamericanas. Más de uno podrá llevarse una sorpresa con esta joya infravalorada.

249190_206050366099831_6633538_n