Kiss me like you wanted (but i’d like it under my waist…)

En una tarde de 2004 que los católicos fundamentalistas nunca olvidarán, un hombre llamado Seteve Juliano contactó con otros dos guitarristas (Timoteo Rosales III y Gabe Iraheta), un bajista y una violonchelista (Brian y Kerith Telestai, marido y mujer, devotos cristianos) y un baterista (Ryan Seaman en sustitución de la primera baza, Victor Angel Camarena, que dejó el grupo por diferencias de intereses al poco de ser fichado) para formar un grupo, “I am ghost”. Este grupo no resultaría fácil de clasificar, pues al encaminarse al post-hardcore no acabaron desarrollando una deletérea personalidad popera (como Alesana) o Techno (como Asking Alexandria, aunque este último sí mantuvo su estilo), ni se entregaron a la experimentación fuera cual fuera el resultado (como Craigy Owens en Chiodos), sino que, siendo siempre fieles a su estilo metal-gótico con tintes operísticos (siempre, siempre…), nos obnubilaron con sus chillidos, sus solos de guitarra impresionantes y sus letras simbólico-poéticas, casi por completo aludiendo a la biblia.

Comenzaron lanzando su primer EP, “We’re always searching”, con el que ya podíamos adivinar el estilo de la banda. Aunque mucho más garajeros, sus solos ya ponían de manifiesto el horror-punk y el metal gótico que los definiría. Canciones como “Eulogies and epitaphs” o “The most beautiful nightmare” podrán probarlo. Otras, como “The dead girl epilogue” o “Lady Madeline in her coffin” (canción inspiradísima en el relato poesco “The fall of House Usher”), buscaban, aun manteniendo (siempre) su estilo,  evocar un sentimiento de soledad, de desesperación y desesperanza; esto es notable en los minutos instrumentales que preceden a dichas canciones. Más metalera es “Kiss me like you wanted (I will never tell)”. También se podían dejar ver por el EP canciones que aparecerían en “Lovers’ Requiem”, como son “We’re always searching”  y “Pretty people never lie, vampires never really die”.

Y así, tras el innegable éxito que les proporcionó su EP, grabarían el LP “Lovers’ Requiem”, su ópera prima (nunca mejor dicho). El disco narra la historia de amor  entre un vampiro y un ángel (sobre todo con “Pretty people never lie…”), y se presenta, ya con el primer tema, como un verdadero requiem de antaño: “Crossing the River Styx” es un alarde de genialidad en que unas voces dramáticas e histriónicas (como debe ser en toda ópera, ¿verdad?) corean el Kyrie Eleison con un virtuosismo inefable. “Our friend Lazarus sleeps” (con un videoclip bastante cutre), “Killer likes candy” u “Of masques and martyrs” son canciones muy punteras con sendos solos de guitarra vibrantes y muy meritorios. “Dark carnival of the Immaculate” pasa por ser mi canción predilecta (“We wont turn to dust!!”), con el mejor solo del LP, las letras más alegórico-absurdas, los coros mejor sobrevenidos y demás; es simplemente una canción mítica, al menos a mi parecer. Kerith Telestai nos regala su voz en varias canciones, acompañada de  los alaridos de Steve Juliano (como en “The ship of pills and needed things”, tema en el que también es digno de mención el violín electrónico de ella) o a veces ella solita (en el último tema, “Beyond the hourglass”, y en la preciosísima balada “This is home“). Entre alguna canción y otra llega de improvisto “The Denouement”, en la que, a la manera de “Crossing…”, unas voces operísticas corean el Kyrie Eleison, solo que esta vez la guitarra y el violín tienen más protagonismo. No sé qué podría decir más… a mí este LP me parece una puñetera genialidad, la mejor opera-rock que he tenido el privilegio de escuchar.

Pero, como todas las bandas que me gusta(ba)n (Saetia, Chiodos, Alesana, Cap ‘n Jazz…) “I am ghost” estaba condenado a desvirtuarse o desaparecer. Y he aquí que ocurrieron las dos cosas. Su segundo LP, “Those we leave behind”, contaba con una gran diferencia respecto al anterior: el matrimonio Telestai dejó la banda porque a Steve Juliano gritó varias veces en un concierto la palabra “fuck”, y eso para ellos era imperdonable, aun en un grupo metal. Pero como Steve parece ser que no quería largarse del mundo de la música con la cabeza bien alta, tuvo que seguir adelante y grabar el LP sin ellos. Así salió: perdieron la originalidad y el virtuosismo, las letras eran ahora mucho más melosas (siendo todavía muy cristianas) y, mientras que en “Lovers’ Requiem” todas las canciones tenían su personalidad, su solo y su estilo, en “Those we leave behind” las canciones son casi todas idénticas entre sí; además, en lugar de interludios operísticos como en aquél, en éste nos encontramos un “Interlude: remember this face, baby”, techno-industrial-raro, que no viene al albur de nada. Por salvar algo, me quedaría con el prólogo “We dance with monsters”, por la letra y el teclado, con “Bone garden” aunque repiten un estribillo insípido hasta más allá de la saciedad, con “Saddest story never told” (y con su videoclip)  y con “Set me free”, que, si no recuerdo mal, poseía un solo cañero.

Tras la cagada del segundo LP, al bueno de Steve no se le volvió a ver el pelo por el mundo de la música. Cada mochuelo se fue a su olivo, y aquí paz y después gloria…

Por eso aquí te recordamos, Juliano, y te rendimos un humilde y pequeño homenaje…

MIDNIGHT!! DESTRUCT!! LET’S GO!! YOU WILL TURN TO DUST!!!