“Hasta los mismísimos”

Muchas personas afirmarán, en un arrebato de imbecilidad, que los niños son el futuro, que debemos protegerlos y educarlos obstinada y seriamente. Já…

No son más que seres  provistos de extremidades y un cuerpo ordinario, pero carentes de inteligencia o sentido común. Estos seres, que nacen ya completamente estúpidos e inmersos en llantos, adquieren, con el paso de los años, información y conocimiento útiles para la supervivencia; pero años más tarde, cuando empiezan la E.S.O., vuelven al estado de nulla sapientia en el que fueron concebidos. Es lo que se podría denominar un ciclo continuo. Cuando cumplen los dieciocho se centran, hasta que sus ojos contemplan las no tan voluptuosas caderas de una choni cualquiera, y pierden la cabeza instantáneamente.Más tarde volverán a hacer el amago de sensatez, pero serán eclipsados por la suprema estulticia del matrimonio, en el que el círculo se cierra negativamente.

Pero inquiramos en el verdadero milagro del nacimiento humano por un momento. ¿Puede alguna persona terrestre confesar no haber sido tentada de lanzar a su bebé recién nacido por la ventana del segundo piso al haberle éste levantado de la cama a la madrugada varias veces en una misma noche? Ese incesante ¡¡wah-wah-wah!! Realmente, si mi esposa me viniera con que está embarazada, no dudaría en propinarle una soberana patada en la barriga, susurrando sutil aunque audiblemente “ligadura-de-trompas-“. Además, ¿quién es tan cruel como para traer un niño al mundo conociendo las diversas putadas con que la vida nos deleita todos los días? Es un despropósito… no tiene sentido.

Y a eso se reduce la enjundia: comer, follar, procrear y dormir -o, al menos, comer y follar-. No nos podemos resistir, y entonces, apenas preparados para asumir la verosimilitud de la coyuntura, se nos viene el mundo encima. Vasectomía. Es fácil. Imagináos un mundo en el que tanto la vasectomía como la ligadura de trompas fueran obligatorias. Sería maravilloso; tarde o temprano, los niños crecerían y no darían lugar a otros niños, más tarde morirían y eso radicaría en la extinción de la humanidad. Y todos contentos.

Empero, aprovecho este espacio, aun a sabiendas de que nadie lo leerá, para aconsejar a todos los padres que le saquen los ojos, pisoteen, castren, esquilen, cañonicen, decapiten, empalen o incluso, si lo desean, ahoguen a su hijo con una soga antes de que sea demasiado tarde. Una miríada de psicólogos lo agradecerán.